Van Tour: Norte de España – Galicia

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¡Lo prometido es deuda!
He tardado un poquito, ¡pero ya tenéis aquí el maravilloso tour del norte de España en furgoneta!
Vamos poco a poco describiendo un recorrido impresionante que puedes hacer en un solo viaje o combinar en varias escapadas para sacarle todo su jugo: Galicia, Asturias, Cantabria… ¿Comenzamos?
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ETAPA 1
Día 1
La salida es desde Madrid, pero una vez en carretera, haremos paradas disfrutando del viaje desde el comienzo. Primera parada: Toro.
Comenzamos el viaje en Castilla y León.
Zamora sorprende y enamora y Toro es uno de sus ejemplos. La ciudad, pequeña y agradable, llena de conciertos en verano y vistas impresionantes sobre su valle, tiene uno de los vinos más sabrosos que vas a probar.
Además, entramos en parte del Camino de Santiago.
 
Cervatillos, caballos, el cielo rompiendo en colores y el río devolviendo su reflejo. Así es Zamora.
Seguimos descubriendo la zona desde Sanabria, su precioso embalse y la ciudad, con su río con vistas al castillo, no tienen pérdida.
Dedica tiempo a pasear por sus calles y perderte entre sus piedras, casitas bajas y miles de flores.
ETAPA DOS
Día 2 y 3
Y así, seguimos ruta hasta entrar en: ¡GALICIA!
 
– Nuestra entrada coincide con la fiesta de la historia de Ribadavia, sus alrededores de ensueño, la temperatura que baja, las pulpeiras en acción, el albariño corriendo y los postres caseros llenando el ambiente.
El pueblo, de piedra y calles empinadas se llena de música, puestos de comida y personas vestidas de la época. ¡Una verdadera curiosidad!
Buscando la calma llegamos a la Ribeira Sacra con el cañón del Sil en Ourense. Date tiempo de recorrer toda la zona, sus miradores, monasterios y cañones imponentes.
Visita obligada: Cangas, en Vigo. Cruza el puente, báñate en sus aguas azules y continúa el viaje por Galifornia hasta Aldán.
Del mar a la viña, bebe albariño seco o afrutado y dedícate a saborear el tiempo que para, sin prisa.
Una jornada obligatoria debe contener las siguientes paradas en la zona:
– Tui
– Oia
– Vigo
– Rodeira
– Cangas
– Cabo Home
– y Área Brava
Un atardecer en la Praia de Trulla, se torna obligatorio. Bajar en coche hasta esta playa y ver cómo las nubes se bañan en el mar abrazando los bosques que deja a su paso sobre el agua turquesa y calma del verano.
Pero al pasar a Cabo Udra, la niebla se cuela y colapsa el horizonte. Así es Galicia cada cinco minutos, del sol al cielo, de las nubes a la lluvia, con terneros y cabritillos en las carreteras, que salen a saludar.
No te puedes ir sin parar en Bueu, Pontevedra.
 
Y bañarte en las playas de Mogor, para ver atardecer desde la ría de Pontevedra y sus naranjas sobre el agua.
Para cenar: Combarro. Prepárate, tengo mucho que contarte.
Vuelvo a llegar en fiestas al pueblo que nos recibe con conciertos a la orilla del mar, gaitas y un caudal de velas por las calles de piedra y los hórreos que hacen famoso al pueblo.
Las marismas juegan con las mareas y suben al anochecer hasta llenar el pueblo que, de día, se torna una amplia explanada para pasear entre las barcas estancadas.
Dice la tradición que si subes hasta el mirador con el chupito de crema de orujo en la mano y pides tres deseos sin derramar ni una gota, brindando al horizonte y se cumple (que se cumplirá), debes volver al pueblo para darle las gracias o enviárselas con toda tu luz.
Día 4
De Corrubedo a amanecer en la playa de Areas de Sanxenxo es espectacular. De la niebla al sol más potente. Paseando sola en pleno mes de agosto.
Las primeras paradas del día de hoy, ponen a Pepe y Emilio la sudadera encima por la bajada de las temperaturas y nos llevan a descubrir la grandiosidad de:
– La Lanzada
– San Vicente do Mar
– O Carreiro
El silencio de O Grove, con sus aguas, puente inmenso, barquitos de pesca, redes y pueblo de piedra.
Tengo una historia graciosa que contaros sobre La Toja.
Al cruzar a la isla, los burritos saludan a los visitantes y comienza mi agonia con Google para ubicarme. A veces, es mejor cerrarlo todo y simplemente lanzarte a andar. Recorro su bosque una y otra vez tratando de salir a la fábrica de jabones, el centro de la isla y su Iglesia compuesta por las conchas blancas que la hacen brillar, en la que encuentro una boda.
Me pierdo en las marismas y charlamos con sus aves y por fin, logro poner rumbo a una comida de ensueño en Cambados, donde me hago una foto en el mismo banco que 35 años antes lo hice bajo la atenta mirada de mi madre.
– Compramos vino, crema de orujo
– Paseamos por sus calles de piedra disfrutando de lo precioso que es el pueblo
– Bajamos por sus escaleras y nos bañamos en su mar tranquilo
– Y de comer… ¡ay de comer! Vieiras, zamburiñas, pimientos del padrón, mejillones y carne de la tierra con salcita gorda y a la brasa.
De postre, seguimos sus pazos, los mandamientos del vino, la queimada y su misterio…
Terminamos el día en la Ruta de los Molinos de agua y sus cascadas. Un paseo que merece mucho la pena.
Todo, parte del camino de Santiago.
 
Día 5
 
Amanece en Corrubedo entre la niebla. Sudadera, pantalón largo y a desayunar, tras recorrer el pequeño pueblo marinero, a la praia Río Sieira. Su amplitud, el bosque que la rodea, su marea baja… crean una imagen que te va a enamorar.
Café con vistas y tablas de surf.
Ésta península es tan bonita, que querrás parar en cada uno de sus pequeños pueblos marineros hasta llegar a Noia jugando con los cambios de luz en cada parada. ¡Qué bonita bahía, que colores la decoran entre la naturaleza y su barquitos!
Para comer, los menús de diez euros de Portosin, te van a encantar, su paseo frente al mar y su ribera de casitas de colores y barquitos, te van a enamorar, ¡puro Galicia! ¡Preciosa paz!
Si miras hacia abajo, miles de mejillones se pegan a sus muros donde el agua baña.
Una de las paradas que más me sorprendió fue el pueblo de Freixo, donde me sentí en Seatlle o en Alaska. Sus cielos pintados de nubes reflejadas en sus aguas, las marisqueiras, los barquitos, los pueblos que se mojan los pies, los bosques que miran la orilla…
Esteiro: Mazorcas, montañas, bosques, un grado más, ríos y el océano. Pararse a mirar, sólo pararse a mirar.
Y como tenía ganas de ostras, una parada obligada: Finisterra.
La costa da morte es mi favorita.
La comarca de Finisterre es simplemente ESPECTACULAR.
Muros: El cinqueterre español.
Lariño: Las playas paradisíacas de Galicia. Donde el corazón explota, el faro corona, el azul enmarca, las dunas protegen y la soledad acompaña.
Frente al océano infinito, Pepe toma el sol y Emilio explora la arena.
Yo sonrío, me desnudo y me sumerjo en el agua fresca.
Una playa SOLO para nosotros. Regalo de Galicia a la viajera nómada.
Y me retrato. Me retrato desnuda. Para que cuando mis ojos aprendan a mirarme con más amabilidad de lo que lo hacen ahora, pueda ver lo preciosa que soy y lo preciosa que era y seré.
Me ducho sobre la montaña, mirando al horizonte, antes de llegar a merendar a Ézaro, otro gran descubrimiento. Tempo lento. Tempo. Tempo todo para mí. Más elegante y sostenido, sus orillas de casas amables conviven con sus barcazas. Huele a sal.
Cruzamos puentes infinitos de mirada orgullosa sobre montañas que imponen, arena que reluce y agua clara mientras surcamos la Costa da Morte en Finisterre hacia la playa de Langosteira. Cruza el pinar para llegar a su arena, redonda gira bajo su bosque. No hay nadie. Perfecto. Bosque, mar, montaña y silencio.
Para atardecer, Pepe, Emilio y yo, nos sentamos en el fin del mundo. El sol se dibuja en el océano. Llevo sudadera y las piernas morenas. Dos barcos dibujan en el agua la W de WOMANWORD que se convirtió en un infinito ante mis ojos.
Para nosotros, este fin de mundo es la mitad del viaje (o eso creía antes de dejarme llevar por los Kilómetros).
Foto en el KM 0, El comienzo, el final del mundo.
En la imagen se ve cómo me parto de risa mientras al otro lado de la cámara, un grupo de ocho personas diferentes, que no tenían nada que ver entre ellas, comienzan a llamar a los perros para que la foto sea perfecta. Y lo consiguen :)
Como veréis, en esta ruta, huyo de las ciudades y me adentro en pueblos pequeños y bosques. Siguiendo esta dinámica, me interno en los bosques. En las casas de piedra, en las aldeas donde no funciona Google Maps y toda la familia sale a indicarte:
– En los leños de piedra a la izquierda y luego el hórreo a la derecha. Pasa dos aldeas y gira a la izquierda en el camino al bosque. ¿Quieres acariciar al gato?
– Claro que quiero.
Así llego a la Playa de Nemiña, playa surfera, en el Cabo Touriñán. 
 
¡Qué preciosidad!
Mira ésta galería y disfruta:
Día 6
 
Amanecemos entre el mar y la montaña, con un olor indescriptible y frío en la piel. Café recién hecho, galletas del pueblo, la furgo cada vez más parecida a un barquito pesquero.
Isa, una seguidora gallega, nos descubre la única cascada de Europa, cuyo río desemboca en el mar. El río es el Xallas. Bienvenidos a la Cascada de Ézaro, en La Coruña.
Para comer, mejillones, croquetas de pulpo, pimientos y vieiras en la Playa de Miño, donde nos hacemos amigos de Dama, una galga gigante rescatada, mientras paseamos por su paseo.
Momento sin cobertura al llegar al Parque Natural Fraguas do Eume. Me refugio en el bosque y conecto conmigo. Conversaciones que elevan.
La cañita mirando al mar llega cuando la temperatura acompaña en el pueblito de Redes, tan azul y tan bonito que te enamorará con sus casitas cuidadas, sus canalones, sus vistas al mar y montaña, sus aguas pintadas de colores y sus banderines que recorren la plaza.
Atardece frente al mar, en un acantilado, protegida por el bosque y mi furgo se convierte en barco en la punta coitelada sobre el agua esmeralda y sus calas escondidas.
Donde vibra, ahí es.
 
Día 7
 
¿Desayunamos ostras recién recogidas? Toca mariscar en Mugardos y sus alucinantes marismas frente a la costa bajo el aroma que enmarca también azores y madeira con sus hortensias.
Paseamos por la misteriosa Baliza do Castelo da Palma y me doy cuenta de que me estoy acostumbrando a eso de no cruzarme con más de dos personas por pueblo y me gusta.
Así, llegamos a la civilización en los murales de Canido y visitamos la elegante y tranquila ciudad de Ferrol.
Donde la gastronomía nos abre sus puertas:
– Albariño
– Sardinas
– Esas gambas pequeñitas tan deliciosas (quisquillas)
– Almejas
– Pan de Pueblo (aquí todavía no me habían detectado que el dolor de estómago era por el gluten)
– Y aprovechamos para probar un postre típico: La tarta de Mondoñedo. Es de almendra triturada y cabello de ángel.
Para la siesta y una sesión de surf, nos abandonamos en la preciosa Valdoviño: Laguna, praia, mirador, chiringuitos, surf y street art.
 
¡Qué colores! Y qué siesta: Olas de mar de fondo y el sol dorado que se cuela por el crochet, la brisa te obliga a taparte con una mantita en pleno mes de agosto.
Para cenar: Pantín. La playa en el bosque, atardecer dorado, furgos, surf y sopa de grelos.
 
Día 8
Amanecer en el Concello de Cerdido es una maravilla. Qué colores tienes, Galicia, qué azules, añiles, verdes y dorados…
Tras el café, 15 grados y lluvia en Galicia en agosto, llegamos a Cedeira y sus paisajes de película, tan impresionantes que tienes que parpadear. Como en todo este viaje, la realidad supera cualquier expectativa.
En Ortigueira campos de grelos y mercadillos de comida local. El pueblo elegante y hermoso, se baña en el océano y cuida su gastronomía. Toca lacón, tortilla de huevos gallegos y helado artesano Bico de Xeado, de leche gallega, sin gluten y con opciones sin lactosa. De beber, Estrella Galicia.
Vacas y mucha lluvia en San Andrés Teixido. Desde los miradores: Chiribiri gallego.
Solos, el paraíso de Espasante, nos deja pasear sobre su arena blanca.
El mejor banco del mundo está mojado, pero sus vistas son impresionantes, de otro mundo, sobre sus acantilados de azules y verdes intensos.
Seguimos ruta y el camino, los miradores, los acantilados, bosques, helechos y playas que cruzamos desde el banco hasta Cruceiro son sencillamente ESPECTACULARES. No te pierdas: Viveiros y la playa de Areas.
 
En Fazouro: PARA. Transportate. Huele. Charla con los pescadores. Disfruta.
Ribadeo, Vegadeo y vaya… ¡Hola, Asturias! Entramos en Luarca.
 
ETAPA 3
Y así llegamos a Asturias, bienvenidos a la etapa tres en el siguiente reportaje.
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