Grand Canyon, Antelope Canyon & Horse Bench

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Desde las Vegas, pon rumbo de nevada a Utah y Arizona para ser parte de algunas de las maravillas naturales más impresionantes del mundo: Grand Canyon, Hoovert, Antelope Canyon, Horse Bench y pueblos del oeste americano. Sigue leyendo.

Pasar una semana en Las Vegas fue una aventura sin fin, non-sto en la ciudad que nunca duerme, donde la posibilidad es tangible, donde siempre hay algo nuevo que hacer, donde sólo logré dormir dos horas al día, ¿quieres verlo todo?

Las Vegas City al completo

 

Bienvenidos a otro capítulo de mi aventura #WOMANWORDinUsa   en  #1month7cities7states 

Todo en sobre el directo de mi aventura en destacados en mi bio en instagram:

 

 

Desde el comienzo

Volando desde Seattle, tras un vuelo de turbulencias infernales, gritos de pánico y avisos de actuación en caso de emergencia por despresurización de la cabina, entre sonidos de tragaperras y carteles de ayuda a víctimas de trata de personas en las puertas de los baños de mujeres…

Welcome to Faboulous Las Vegas!!!

Alterné mis excursiones a la naturaleza entre los días en la ciudad.

Atravesar cientos de kilómetros en un día y experimentar el calor constante del desierto, su sol penetrante, su fauna y su flora resistentes y los pueblos aislados de carácter acogedor, con sus buzones en hilera, caravanas y grandes supermercados, para después volver a la ciudad y sin descanso, asistir a uno de sus shows nocturnos o sus restaurantes impresionantes.

 

Consejos para el desierto

  • Lleva siempre agua y comida contigo.
  • Alimentos energizantes para ir picoteando durante todo el día.
  • Manga larga para cubrir tu piel del sol y ropa de materiales transpirables como el algodón.
  • Crema solar y una toalla para secar el sudor
  • Pañuelos de papel
  • Una bolsa para depositar tus residuos. No los dejes en el camino.

 

Primera excursión

Presa Hoovert, Grand Canyon, Colorado River y un pueblo del oeste americano

Para la primera salida, tuve que dejar mi hotel a las cuatro de la mañana, caminar entre nuevas construcciones hasta el Circus Circus y una vez allí, a las 5 de la mañana, al aparecer un autobús típico americano de color blanco y cristales tintados, poner rumbo, con un grupo de turistas de todas las nacionalidades, en dirección a la presa Hoovert y al Grand Canyon.

Saliendo de la ciudad de pecado vemos, casi abandonado, el primer casino de Las Vegas: Motor city.

 

Presa Hoovert entre Nevada y Arizona

Las carreteras que emergen al dejar Las Vegas, cruzando Nevada, nos llevan a paisajes del oeste, arena, sol, tonos rojizos, Joshua trees, traídos por los mormones en su peregrinación, camaleones, coyotes y la nada.

Pueblos asentados entre la arena, vacíos, silenciosos, con postes de buzones en hilera al borde de la carretera, un bar, un supermercado enorme, caravanas, rancheras y casas prefabricadas. Silencio.

En el control de seguridad, una agente sube al autobús y toca con un dedo nuestras mochilas. Es su forma de asegurar que no llevamos nada que haga peligrar los cimientos de éste gran monumento nacional.

Llegar a la presa Hoovert es una apuesta de vértigo y equilibrio. Majestuosa y enorme se eleva en altitud sobre el terreno deshidratado aislándoos el azul turquesa del resto del valle.

Su vista desde el puente Mike O’Callaghan–Pat Tillman que une Nevada con Arizona es sencillamente espectacular. Tener un pie en cada estado mientras la observas te hace reflexionar sobre el absurdo de las fronteras sen un mundo natural que no pertenece a nadie y que no entiende de ellas.

 

Un pueblo del oeste: Dolan Spring

Carreteras infinitas, montañas de colores, arena.

Éste es el paisaje que emerge desde Nevada hasta Arizona durante cientos de kilómetros. La mirada se pierde en el horizonte y sin saber cuándo ha comenzado, una sonrisa invade por dentro y se refleja en la cara.

Recorrer éste vasto paisaje, lejos de desolar, eleva.

Durante la cadencia del mismo sorprende, no obstante, encontrar de repente un pueblo perdido, uno de los primeros asentamientos en ésta parte del desierto, con un café, una gasolinera, una iglesia, casitas esparcidas, moteando el paisaje de vez en cuando, una lavandería, caravanas y un supermercado gigantesco. Nada más. Kilómetros de carretera y el último lugar donde encontrar agua.

Compro tres botellas y un sandwich y subo a la furgoneta riéndome con los mensajes feministas de los imanes de la nevera del último pueblo con agua corriente del camino.

De nuevo en carretera, sólo nos cruzamos con grades trailers altísimos, llenos de ruedas, brillando con su carcasa plateada ante el infranqueable sol.

 

Grand Canyon & Colorado River

Dejamos atrás la frontera de Estados Unidos y entramos en la reserva de los Hualapai, nativos americanos a los que se concedió ésta reserva en mitad del desierto. Sin recursos, tuvieron que sobrevivir exiliados en su propia casa, con la llegada de los colonos.

Los Hualapai llegaron a Estados Unidos desde Bolivia y aprendieron a amar la tierra siendo uno con ella.

Una vez en la reserva, hay varios transfers que te llevan de un punto a otro y su frecuencia es alta, tienen aire acondicionado para poder tener momentos de respiración entre el calor sofocante del desierto y su implacable sol y son muy cómodos para efectuar toda la visita en cuatro horas.

 

Eagle View

En este punto, nada más bajar del transfer, te quedarás sin palabras.

También puedes encontrar aquí el famoso skywalk que puedes ver en la primera imagen.

Lamentablemente, el capitalismo acaba con todos y hoy, agresivos y ambiciosos, cobran al turismo por hacer fotografías de sus valles prohibiendo las cámaras en el entorno, para cobrar 17 dólares por imagen desde el balcón de eagle point, hasta tal punto, que obligan a los visitantes a pasar por un detector de metales para dejar el teléfono en los casilleros de la entrada y que la única manera de tener un recuerdo del puente de cristal sea mediante sus cámaras a 17 dólares la foto impresa o 65 el usb con las 5 fotos horribles que te hayan sacado sus asistentes, que te acosan y te obligan a poner poses absurdas en fotografías quemadas y saturadas.

Yo pasé mi teléfono, realicé vídeos y fotos sobre el puente al gran cañón que, aunque ellos lo han olvidad, SOLO PERTENECE A LA MADRE TIERRA.

No las he publicado por respeto y por la amenaza tácita de denuncia por copy right. Dicen que cualquier fotografía de ésta basta naturaleza les pertenece a ellos por que la tierra es suya. Es un insulto flagrante a la naturaleza, a sus antepasados y a la vida. Las montañas NO SON DE NADIE.

Mi consejo, no pagues por subir al skywalk, quédate en sus acantilados, disfruta paseando por el desierto, descubre las casas de los nativos representadas según sus tribus y siéntate a contemplar la maravilla que acontece ante ti.

Y si viene el guarda y te regaña por hacer fotos, dile que la naturaleza es de todos y márchate. La siguiente parada de la ruta te dejará sin palabras.

 

Guano Point

Mi parte favorita de la visita. Pasé literalmente horas sudando bajo el sol, haciendo miles de fotos, mirando, grabando, respirando, buscando el curso del Colorado y sus serpenteantes formas dibujando el cañón. Contando los colores, entendiendo la historia, imaginando el curso de la vida.

Sentirte en el corazón del Gran Cañón del Colorado, con el río Colorado a tus pies te hace volar.

Sueños hechos realidad, fronteras borradas con solo unos pies de la talla 36. Posibilidad plausible. Sonrisa y calma, el pecho se eleva y el cuello se relaja. Sueños hechos realidad, fronteras borradas con unos pies de la talla 36.

 

Un pueblo del far west

La última parada es turisteo puro. ¿Cómo era el far west? Ellos estiman que era así y una se deja llevar. Caballos, tiroteos, un cementerio de piedras sin losas y el basto desierto alrededor.

Crear vida, asentarse y VIVIR en medio de la nada. Dejar Europa buscando una vida mejor en el desierto americano.

Me parece increíble. El ser humano es capaz de ls mayores aventuras.

 

 

Sigue leyendo tras el vídeo completo para conocer Antelope Canyon & Horse Bench

 

https://youtu.be/TSyLm8IIyz8

 

Horse Bench & Antelope Canyon, carreteras entre Utah, Nevada y Arizona  y pueblos del Oeste

Tras llegar a las 5 de la mañana al Circus Circus para comenzar el viaje de un día a las cinco y media (habiendo dormido 2 horas), al ver aparecer el curioso autobús, me repliego en mi asiento y mientras voy cargando el móvil en el usb del mismo, veo amanecer sobre el desierto de Nevada.

Recorro la Route 66 y la ruta 88. Me dejo llevar por sus carreteras longitudinales, observando el curso del Virgin River en territorio Navajo y el comienzo del río Colorado, el valle que baña, las montañas de colores, el rojo, el verde, el gris azulado, su cielo moteado por el vuelo de las águilas y sueño con la vida de la que soy parte y me siento afortunada.

Cruzamos hasta Utah y conozco un nuevo estado que linda con Arizona y cuyo paisaje permanece perenne, constante, vivo.

Con éstas, mientras desayuno un bagel y un american pie de manzana y canela, hacemos una parada en una gas station donde venden carne deshidratada y chupa chups de escorpiones, antes de entrar en nuestra primera parada: Horse Bench.

 

Horse Bench, Glen Canyon

Los americanos son muy efusivos con sus discursos de seguridad, sobre todo con la intención de librarse de las demandas, por eso, antes de entrar, nos piden que vayamos ligeros de peso y con una botella de agua en la mano. Que bajemos hasta el acantilado despacio y midiendo la respiración y que subamos aún más despacio para no sufrir una lipotimia a causa del calor.

Mis conejos personales es que no tengas miedo, es un paseo agradable, pero que tengas cuidado con el sol, hace mucho calor, así que es importante ir escuchando tu cuerpo y beber agua. Es una gran idea venir con paraguas para protegerte del sol y tener un poquito de sombra, sobre todo a la hora de la ascensión de vuelta al bus.

Y POR FAVOR. Lleva siempre tus residuos contigo. Es lamentable estar en mitad de un paraje natural virgen impresionante y ver a un pobre ranger recogiendo plásticos… RESPETA CADA LUGAR QUE VISITES. Lo importante al viajar es ser parte integrándote, no destruyéndolo.

RECUERDA LO QUE SIEMPRE REPITO EN TODOS MIS VIAJES: «No cogemos nada, no dejamos nada». Sé viajero, no turista.

Y así, bienvenidos a la curva de la herradura.

Un paisaje de desierto, de película del oeste nos recibe. El calor cala en la ropa y nos comprime contra el suelo, aún así, hay una brisa suave que permite respirar creando un entorno mucho más agradable que cualquier mes de julio en Madrid.

Flora y fauna resisten las temperaturas constantes que no oscilan en las horas des sol. Suena un cascabel y nos piden que o salgamos del camino. Tierra viva, rojiza, penetrante.

Al asomarme al acantilado cais grito de emoción al contemplan la caída, el agua, las formas caprichosas de la naturaleza y me siento agradecida por el regalo que supone estar viviendo un sueño de forma real, parte. Camino entre sus rocas dibujadas por el viento y acaricio la tierra que me acoge. Me siento navaja y respiro la tierra. No hay fronteras.

 

 

Antelope Canyon

El cañón del antílope recibe su nombre por que en éstas tierras los nativos cazaban antílopes.

Igual que en el skywalk con amenazan bajo demanda si grabamos dentro de las cuevas creadas con el viento y el agua de lluvia: «La tierra es nuestra, nos pertenece», impone airada la nativa que nos hace de guía y yo me río delante de ella a carcajada limpia. Con odio me pregunta que de qué me río y le respondo que su pueblo ha olvidado su lucha: «La tierra no es de nadie».

De echo, es curioso, por que el pueblo de ésta guía capitalista no entraba jamás en las cuevas. Tenían la creencia de que en ellas habitaba la diosa de los vientos y no querían faltarle el respeto entrando en su hogar sin ser invitados. Hoy las creencias populares no les importan y explotan sin miramientos las mismas con miles de turistas cada mes.

Una vez en Antelope Canyon, puedes decidir visitar las conocidas y maxi explotadas Upper Antelope, cuya visita verás masificada y te será más complicado disfrutar de un momento a solas con el espacio o las Lower Antelope Canyon.

Lower Antelope Canyon

Éstas son las que yo elegí, menos masificadas, permiten visitarlas en grupos de 10 personas, perdiéndote en sus rincones creando espacios temporales sólo para ti entre el naranja de sus laberintos.

Aquí, en Lower, también podrás ver caer hilos de luz entre la entrada de sus grietas.

Es curioso porque la arena sobre la que caminamos fue echada desde la cima, sino, todo el suelo serían escarpadas rocas afiladas.

Los indios navajos vivían en estas tierras en el siglo XVII y fue convertido en reserva en el XIX.

Las piedras y la arena son rojizas debido al alto contenido de hierro y calcio de las mismas.

 

Carreteras entre Utah, Nevada y Arizona y pueblos del Oeste

A la ida, paramos en Arizona en una gas station, como contaba antes, pero a la vuelta, nos detenemos en el pueblo de Hurricane City, en Utah, llamado así por el huracán que lo devastó por completo.

Viajamos por sus largas carreteras y en el valle (Hurricane Valley) aparece recogido, como abrazándose a sí mismo bajo el sol, el pueblo del huracán fundado por los mormones llegados de Europa en 1863.

Sus calles asfaltadas de vecindarios residenciales, casitas de colores con jardín y patio trasero, canchas de baloncesto, niños en bicicleta y silencio.

Calles con nombres en español y un macro supermercado gigante con buffet y baños públicos. Compro marshmallows y un pie de raspberry, además de chocolatinas, en mi manía de probar todo lo dulce de cada país que conozco y una mormona vestida de negro me aconseja probar unas galletas tradicionales. Le hago caso y vuelvo al bus. Continuamos viaje hasta Las Vegas.

 

 

¿Quieres volver a ver el vídeo?

https://youtu.be/TSyLm8IIyz8

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