Viajar con perro en España: Cantabria en una semana

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Aún recuerdo mi viaje a Santoña, para conocer la región y sobre todo su gastronomía y el trabajo de las conservaras y cómo encontré un zifio en la Playa de Berria. , muerto por una brutal ingesta de plásticos…

Ésta vez he visitado Cantabria para descubrir el Norte de España en una región infinita. Sus paisajes me han cautivado, desde sus bosques de leyenda, hasta sus acantilados, playas inmensas, paisajes etéreos, montañas, valles y senderos. Canatabria infinita merece ser compartida.

Me acompañan en ésta aventura la genial ayuda de Turismo de Cantabria quién me guió desde la costa oriental hasta la occidental. Mi querido Pepe, para poner a prueba el turismo dog friendly y con confianza absoluta y la mejor seguridad en carretera: Mercedes Benz con el imponente modelo GLC, que me ha permitido recorrer carreteras, caminos y senderos con total audacia y protección. Siempre agradeceré a sus diseñadores, el escalón que permite subir al mismo y su techo descapotable desde el que aspirar los aromas de Cantabria, ver sus cielos azules y disfrutar de sus noches estrelladas.

Voy a descubriros su impresionante gastronomía a través de desglose de mi ruta, día a día, por completo. Junto a ella, paisajes, pueblos y los mejores alojamientos dog friendly.

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Brief

He recorrido Cantabria infinita y he quedado enamorada: personas, paisajes, acantilados, playas, hoteles dog fiendly, restaurantes impresionantes, pueblos y una gastronomía que enamora. Descubre mi viaje 😉

 

Ruta completa

Costa Oriental

  • 10 de abril

Conduzo desde Madrid hasta Noja, Cantabria. Los paisajes que se van atravesando por la carretera que evita los peajes, recuerdan a los viajes en carretera en familia, es una auténtica delicia seguir las rutas que antaño fueron las principales.

Mis visitas a mi llegada: La imponente playa de Noja, playa dog friendly: La Playa de Tregandin.

A cinco minutos en coche, al otro lado del cabo, la preciosa playa de Ris.

Termino la jornada, degustando las delicatessen traídos desde la tienda de abastos del pueblo, que me muestran los primeros sabores de la tierra que estoy a punto de descubrir: anchoas, pimientos, pan y vino.

Paso la noche en la preciosa La Casona del Carmen, un alojamiento petfriendly que ha ganado premios como mejor establecimiento dogfriendly de Cantabria y España. Esta preciosa casona de piedra, de ambiente rural y decoración mimada, está regentada por Esther y Miguel, educador canino y amante de los animales. Ambos vinieron de Madrid para comenzar una nueva vida en la que el slow life marcase los ritmos: «Venimos en busca de la calidad». 

 

  • 11 de abril, ¡MI CUMPLEAÑOS!

Me despierto con un suave «toc, toc», en la puerta. Mi desayuno aparece en una cesta de mimbre compuesto por zumo de naranja, café, pan de pueblo recién horneado y mermelada de tomate preparada por mis anfitriones.

Desayuno en la terraza, con Pepe a mis pies, aspirando el aroma a aire limpio oyendo el mujir de las vacas y los cencerros de las ovejas-

Paseo por Noja descubriendo sus campos, sus caballos y sus potros, sus huertos ecológicos, su plaza central en piedra y su pequeña iglesia. Todo aquí es bucólico e insta a la calma.

Cojo el Mercedes GLC y comienzo la ruta por la zona:

Desde el parque natural de las marismas de Joyel, al eco parque de Transmiera hasta el faro de ajo y sus alrededores, Ojerada, la ría de Castellano y su desembocadura en Ajo, Isla y la playa de la Arena y el camino que serpentea bajo los árboles hasta Escalante.

Llego a comer en el Hotel San Román de Escalante y tras un paseo por su espléndido bosque, en el que realizan bodas civiles como si de un cuento de hadas se tratase, comenzamos la degustación sobre una premisa: Cuando la calidad prima, la cocina sencilla se torna artesanía.

Así, comenzamos con jamón de bellota cortado a cuchillo de los Pedroches, signo de confianza y con unas anchoas de Santoña de Angelachu acompañadas de aceite de pimiento y pimientos asados de la zona. La calidad es tal que el sabor explota en el paladar.

Seguimos con almejas salvajes del Cantábrico preparadas con sencillez: ojito, aceite de oliva y un poquito de vino blanco, ¡imposible no pringar!. Maridamos con un Rioja y llegamos al rape, cortado de tal manera que el filete sale sin una espina. Le acompañan patatas caseras y un sabor espectacular y lleno de textura.

Termina la comida con un pastel de chocolate caliente y corazón de fondant y un helado de yema tostada.

Tras un café y un gran abrazo a mis amigos del Hotel, pongo rumbo a Liérganes, pueblo de piedra que vive en el valle, en el que realizar vías ferratas, paseos interminables y donde degustar chocolate con churros en El hombre pez. Bar que da nombre a la leyenda del pueblo en la que un hombre desapareció en el río apareciendo con escamas en Cádiz. Allí, fue encontrado por un cura que entendió que éste pertenecía a Liérganes donde le llevaron de vuelta y fue reconocido por su madre. A los años, el hombre pez volvió al agua, ya acostumbrado a la libertad de los océanos.

Una parada que puedes hacer es la de las playas Loredo y Somo, donde se practica mucho surf, terminando el atardecer en la playa de Langre y sus acantilados.

Para dormir, mi hermosa Casona del Carmen y Pepito a mis pies.

Camino a la Costa Oriental

  • 12 de abril

Tras desayunar, pongo rumbo a Arnía, la Costa quebrada. Quedo maravillada con los cortes en la piedra, el verde y el azul y cómo conjugan. Me parece tan mágico que soy incapaz de llamarlo por su nombre y se lo cambio a Arnia, inspirada por Narnia y sus paisajes.

Llego despacito, tras perderme por prados de vacas que pastan al sol, al pueblo de Liencres y al parque natural de las dunas de Liencres. Aquí, descubro la playa Valdearenas y sus paseos a caballo, la inmensidad de la longitud de la misma que se pierde en horizonte, las dunas en rededor, las calas, las piedras en el agua, los acantilados y continúo siguiendo la ría, hasta la desembocadura del Pas, a vista de pájaro, en el mirador de la Picota. No te pierdas el camino hasta la cima, recuerda: Conduce despacito.

Tras una carretera de curvas pronunciadas, cerradas y coches a contra por encima de su velocidad y su carril, llego algo mareada a Novales.

Al bajar del GLC, descubro un paraje increíble, un valle hermoso de ríos felices, casitas en piedra y vegetación ostentosa. Me siento a comer en la terraza de El limonar de Novales, un restaurante que conjuga la calidad de un cinco tenedores con la humildad de un pueblo sencillo. Mientras como marisco de alta calidad, charlo con un abuelo del pueblo sobre la postguerra, me hago amiga de un niño de 4 años que come helado y la hija del chef me regala una muestra de danza moderna.

Bebo albariño y comienzo la crítica gastro con ostras del Cantábrico, ricas en yodo y sabor; exquisito pulpito de ésta costa preparado a la brasa sobre una cama de crema de patatas, perfecto para mojar el pan de pueblo que acompaña la mesa y para casi terminar, el mejor arroz caldoso que he comido en mi vida con carabinero, traído de Huelva cada semana.

Producto fresco y calidad de primera. No hay más base que la de tener lo mejor y la del sabor más puro.

Cuando ya me siento en la gloria, aparece el postre: Helado de crema de orujo con sobao pasiego.

Mi única expresión al instante es el aplauso.

Continúo mi visita a Novales, recorro el pueblo, su puente de piedra sobre el río, las pequeñas ranitas que cantan y paseo por el bosque hasta la cueva del agua, un lugar de paz absoluta donde el rumor crea perspectiva y continúo siguiendo la ruta minera disfrutando de una naturaleza de hermosura sin igual.

Paso del bosque al mar y pongo rumbo a los acantilados de El Bolao y su molino de mareas, de camino de vuelta, disfruto de las vistas de Cóbreces y su iglesia de Disney entre los prados.

Paseo después por la playa de Cóbreces, conocida como Luaña y quedo fascinada con el entorno que la describe: es máxima, con piedras, verde, acantilados, arena, mar, olas y ría.

Termino mi día con Pepito corriendo entre los surfistas. Tras visitas la playa de la concha y el faro, con sus carteles de «prohibido recoger marisco y cebo», me siento a mira el cielo anaranjado en Suances, en la preciosa playa de los Locos.

Para dormir, me reciben Ana y Fernando con una sonrisa y un abrazo, para éstos dos viajeros cansados, Pepito y yo. Hojaldres de cumpleaños de Torrelavega para mí y galletitas de perro para Pepito. Hoy descansamos en la hermosa y dog friendly Posada San Tirso.

Ana, directora de recursos humanos, dejó su vida para montar una posada en la que sentirse como en casa. Decorada como una casa privada, sus huéspedes podemos disfrutar del entorno sin límites, libres y seguros.

Desde mi balcón, su precioso e inmenso jardín, junto con los Picos de Europa nevados, me dan las buenas noches.

  • 13 de abril

Desayuno al sol, en una mesa de mimbre, en un jardín donde reina el silencio. Sobaos Joselito, pan casero de calabaza, café, chocolate sin gluten, bollitos, fiambre, quesos… y el confort de sentirte como en casa.

Cuesta ponerse en marcha, pero arranco en dirección al hermoso bosque de Secuoyas. Reserva natural regenerada en la que los árboles acarician el cielo allá en las alturas. Con una senda perfecta para personas con movilidad reducida, se torna una excursión agradable y accesible para todos. Aquí, las mascotas son bienvenidas, atadas y la entrada, libre.

Paso por Comillas y descubro un pueblo espectacular con una playa impresionante. Paseo con buen tiempo por la Casa de los girasoles de Gaudí, la capilla, las vistas de la universidad pontificia desde el prado del Palacio de Sorellano y disfruto de un pueblo de piedra cuidado que duerme a los pies del cementerio que cierra ésta ruta modernista.

Sigo mi camino por el parque natural de Oyambre, paro en su enorme playa de tintes hippies, vislumbro la desembocadura y grito, en voz alta, al ver la playa de Gerra desde la loma en la distancia: inmensa, hermosa y libre.

Sus vibraciones me atraen por completo y paseo durante horas por ella corriendo con Pepito y mojándome los pies. Salto sus rocas, la ría, giro y vuelvo a girar y el azul acompaña mientras la vista se pierde y la felicidad abraza.

Es un lugar perfecto para acampar y hacer surf.

Sigo conduciendo y de nuevo me impresiona la primera visión de San Vicente de la Barquera. Allí abajo, su puente de piedra une el pueblo, la ría y el mar.

Como churros en el puesto de mi amigo Manolo y aprovecho el pueblo para perderme. Placitas cuidadas, casitas de piedra y la iglesia, el hospital de la concepción y la torre del presbítero que escalan la montaña para dejarnos vistas impresionantes del mar y de la ría. Irlanda o Islandia palidecen ante tanta belleza natural y sus colores hacen magia ante la mirada incrédula del visitante.

Conduzco un poquito más y vuelvo hasta la playa de Santa Justa  y su ermita escondida. Un chiringuito en el monte pone música de los ’70 y una parece estar en otra época. Limpia. Renovada.

No termina aún el día, aún queda la imprescindible Santillana del Mar.

Un ticket de parking en zona azul después (obligado todos los días del año de 10 a 20 horas, sin excepción), recorro callecitas empedradas en un pueblo medieval que transporta. Salgo de plaza en plaza y giro, vuelvo a perderme y disfruto como una niña de cada paisaje que descubro en éste pueblo. Perfecto para cinematografía que acompaña Cantabria.

Me espera para cenar Belén, propietaria de La Villa y del restaurante que descubro esta noche con Pepito sentado a mis pies, el hermoso: Pasaje de los Nobles, donde se reinventa el concepto de cocina tradicional y de restaurante familiar. El diseño cuidado de detalles exquisitos sorprende en un pueblo de tradiciones como Santillana y el sabor… el sabor lo llena todo de magia.

Para cenar, una carta para celiacos:

Vino blanco de Cantabria, riesling, anchoas de Santoña, las ganadoras de éste año, las de Catalina, servidas en aros que rodean la ensalada, con pimientos rojos de la zona y crocante de almendra y oliva negra.

Seguimos con tres platos imprescindibles: Tartar de atún del Cantábrico certificado, zamburiñas del Cantábrico, alcachofas con setas y jamón, chipirones de éste espléndido mar con crujiente de tinta de calamar y puerro. ¡Delicioso!

Para terminar, dos finales: El primero, doble, flan de calabaza y tarta casera de almendra. El segundo: Un bomboncito servido sobre un cubo de cristal.

Éste es, sin duda, el mejor lugar de Santillana para cenar. Enamora.

Para dormir, mi amiga Ana me espera en La Posada San Tirso.

 

Parque natural de los Picos de Europa

  • 14 de abril

Desayuno con calma saboreando mi sobaito y paseo por los prados de la zona al sol. Hoy, pongo rumbo, despacito, al parque natural de los Picos de Europa.

La comarca esta dividida en cinco valles:

  • Potes (capital de la comarca)
  • Cillorigo
  • Pesaguero
  • Cabezon
  • Camaleño
  • La Vega

Para llegar, parada obligatoria en Panes, un pueblo precioso, de río bravo y desayunos deliciosos. Tras él, entramos Ermida y el desfiladero de la Ermida para entrar en el valle de Cillorigo.

La carretera bien asfaltada es estrecha y de curvas cerradas. De un lado el río, del otro la montaña y sus aristas salientes y poderosas. Los coches, imprudentes y a demasiada velocidad abandonan su carril hacia el contrario con visibilidad nula. La posibilidad de accidente es alta. Respeta las indicaciones, a 40 e intentando que no se te vaya el coche en cada curva.

Paro en Lebaña y disfruto de su Iglesia de Santa María, medieval, perteneciente al camino Lebaniego, que atraviesa éstos parajes en consonancia con el camino de Santiago.

Sigo camino, en una carretera que mira la altitud de los picos nevados y llego a Ojedo, mi base perfecta, para descubrir los Picos de Europa y sus valles.

Me alojo en el Hotel Infantado, hotel y restaurante familiar que ahora regenta, Isabel y su familia, hija de los dueños, que tras recorrer el mundo ha vuelto a la tierra para disfrutar de una gran calidad de vida.

Éste alojamiento pet friendly, tiene el sabor de los hoteles de montaña y la gastronomía impresionante de quienes saben lo que quieren sus comensales.

Ella reinventa el concepto de hostelería familiar en su hotel y restaurante de comida casera y joven.

Para hoy, vino de la zona, mencía y syrah para acompañar el imprescindible cocido lebaniego.

Primero, la sopa con fideos gorditos, después, la carne, el tocino, la col y los garbanzos.

Acompaña pan de su propio horno y termino con chupito de crema de orujo, cafecito y tarta de chocolate blanco. Una auténtica delicia, sobre todo, cuando el entorno es un pueblo de piedra, el rumor de río, el verde del bosque, las montañas y el eco de los Picos en ésta terraza que abraza, bajo un sol inesperado.

Después de comer, descubro los pueblos de Tama y Pendes, donde el Habario, un castaña milenario y paisajes de valles y montañas nos esperan.

Mi última visita del día es Potes, el pueblo por excelencia de los Picos de Europa y que da nombre a éste valle.

Tras recorrer el pueblo, sus callecitas estrechas para protegerse del viento y del frío, su simpático río, los patos, los puentes impresionantes y sus casitas de piedra, el barrio del Sol, el de la Solana y la Cantabra, paro a saludar a Juanjo, el propietario, en cuarta generación de la tienda delicatessen y gourmet de La abuela Taly. Preciosa en su decoración, sientes como entrar en una tienda de toda la vida, donde saluda al tendero, preguntar por su familia y llevarte legumbres, anchoas, queso, vino Casimiro, aceite, orujo de mil sabores, sobaos… lo mejor de ésta tierra.

Juanjo también ha vuelto a Cantabria, como todas las personas que estoy conociendo a lo largo de mis días en ésta región, ha buscado la pausa, el trabajo diario, el concepto propio y la estima por los tiempos lentos y la calidad constante.

Potes, pueblo hermoso de piedra que describe el valle, mientras los patos se bañan en el río. Mi último chocolate caliente del viaje será entre tus calles al anochecer.

Para dormir, frente a las montañas verdes, el alojamiento Dog friendly: Hotel Infantado, pero antes, ¡hay que cenar!

Bajo a su terraza maravillosa y bajo el porche, degusto una pizza de horno casera, con masa inmensa de pan de ajo de sabor excepcional y pruebo dos estilos: la de bacon y la de anchoa con pimientos. La ración de cada porción eleva mi aplauso y el sabor hace que, a pesar del tamaño, acabe con ella casi por completo.

Siempre hay un huequito para el postre, no podía irme sin probar los canónigos.

Todo en cantabria infinta es hogar.

  • 15 de abril

Sigo descubriendo Liébana y para comenzar el día, me asomo al mirador de los picos, conocido como Cahecho.

Una paradita en Pesaguero y Cabezón, para terminar ésta parte de la ruta en la iglesia de Piasca.

Paro en Espinama y su mirador y me gusta ver el pueblo dormido en el valle. Subo a Fuente Dé, en el valle de Camaleño y conozco a Antonio, director del teleférico que lleva en funcionamiento desde el ’66 y que a diario, sube turistas hasta lo más alto de los Picos. Por causa del viento, el teleférico ha de parar. El espectáculo en éste lugar sin pueblo es monumental: altas montañas, cascadas, senderos, caballos… no cabe en la mirada el esplendor de la vida que acontece.

Sigo ruta hasta el que dicen es el pueblo más bonito de Cantabria: Mogrovejo.

Su paraje es espectacular, aquí se grabó Heidi, las vistas quitan el sentido y uno pierde la conciencia de dónde se encuentra. Punto negativo: Los perros del pueblo van sueltos y se lanzan a morder, tened cuidado al pasear por sus pequeñas callecitas de piedra, entre vaquitas y verdes prados.

Mi siguiente parada es Santo Toribio, hermoso claustro desde el que contemplar los montes que lo rodean en el mirador de San Miguel.

En estos montes, las nubes cruzan rápido el cielo, del sol a la lluvia, paro para comer en mi precioso Hotel Infantado. Hoy, pruebo una de sus ganadoras: Las hamburguesas.

Me dejo querer con una maravillosa e ingente hamburguesa casera con carne de la zona, foie artesano, finos aros de cebolla y chips.

Fueron ganadores de la mejor hamburguesa de la zona y no me extraña, con una de salmón y pan de alga.

Para beber, vino de la zona:  syrah y mencía y de postre, atención: Helado de crema de orujo, de textura impresionante, con sus grados y todo.

Por la tarde, Tudes, un paseo por las Bodegas de Picos de Cabariezo y la quesería de Baró, una ojeada al pequeño pueblo de Salarzón y su iglesia y para terminar, lo prometido es deuda: Un chocolate caliente en Potes.

Duermo en el hotel infantas con la ventana abierta, quiero respirar los Picos.

Vuelta a casa

  • 16 de abril – Fin de viaje

Tras un tour completo y exhaustivo por ésta Cantabria Infinita, pongo rumbo a Madrid disfrutando de las vistas del valle desde Cantabria, Palencia y Castilla y León, sus pueblos, miradores, lagos y carreteras.

Una aventura perfecta.

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