¿Qué ver en Malasia? Penang y Langkawi

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¿Qué ver en Malasia?

Hoy: Penang y Langkawi

Hoy os cuento mi viaje desde Kuala Lumpur (no te pierdas el reportaje completo y el vídeo, me cuelo en una boda musulmana, atravieso monos, me baño en el bar de la China…), hasta la hermosa Penang y la isla de Langkawi.

Malaysia es un paraíso de convivencia y pluralidad digno de ser descubierto.

Entre tanto, las aventuras me siguen de cerca, no te pierdas en éste episodio como me intentan robar en la habitación de mi hotel de lujo y cómo después me subo a los árboles venciendo mi miedo a las alturas…

SIGUE LEYENDO Y NO TE PIERDAS EL VÍDEO COMPLETO:  https://youtu.be/qYTLiF5gK7A

Todas mis fotos en Instagram: @Woman_Word en mi aventura #VIAJARNOTIENEGÉNERO   y todo el viaje #6países60días en destacados: PENANG  (no te asustes, me vas a ver llorar, estaba muerta de miedo) y LANGKAWI   ¡Sígueme y viaja conmigo!

Comenzamos…

Bienvenidos a Penang

Tras horas de viaje, el recibimiento en Penang fue una completa catástrofe. Llegamos tarde, cansados y desde la recepción del Hilton Double Tree Resort, nos trataron con condescendencia, malas formas y altivez. Me obligaron a pagar 100 RM sin explicación, alegando que era la tasa por entrar en la «ciudad histórica», mientras a mis compañeros malayos, les hizo pagar 6RM.

Al llegar a mi habitación, ya eran la una y media de la mañana, llamé al servicio de habitaciones para poder cenar. Cuando el camarero apareció en mi puerta, lo hizo con desdén, tratándome con una falta de respeto monumental (como diríamos vulgarmente: «como si yo fuese una puta»), no dudó en hacer referencia a que viajo sola, en que qué buscará una mujer cuando viaja sola, que somos todas muy «sueltas». Le cerré la puerta en la cara tras coger el menú. A los cinco minutos, un hombre uniformado con ropa del hotel, pero sin chapa identificativa con su nombre apareció en mi puerta. Su pretexto, traerme revistas y botellas de agua, de las cuales ya disponía mi habitación. Recordemos que eran las 2 de la mañana, por lo que esto no tenía ningún sentido y yo no había pedido revistas y agua extra. Sin dejarle entrar, cogí el agua y las revistas y cerré la puerta. A los cinco minutos volvió a aparecer en mi puerta cargado con 7 botellas más de agua como excusa para poder entrar en mi habitación, ver dónde estaban mis cosas y quedarse a solas conmigo.

Mareada y cansada, sin entender la situación y extrañada, le dejé entrar. En cuanto vi su actitud y presenté atención a todo lo que estaba ocurriendo, entré en alerta, le cogí las botellas y le empujé, de forma literal, hacia la puerta. Él no esperaba ni mi fuerza ni mi violenta reacción, por lo que para cuando quiso darse cuenta y volver a entrar, mi puerta ya le estaba dando en las narices. Eché el cerrojo mientras aporreaba la puerta gritando en un idioma que no reconocí.

Aterrada, llamé a un compañero periodista que me acompañaba en ésta parte de la ruta, cuya habitación estaba en otro piso y a recepción exigiendo mi cambio inmediato de habitación. Desde el hotel no tomaron ninguna medida. Ni el manager de la noche, ni la de la mañana. Meses después, sigo esperando que desde éste resort supuestamente de lujo, tomen alguna medida para proteger a sus clientes, sobre todo a las mujeres que viajamos y trabajamos solas. No lo han hecho.

Tras esto, pasé la noche sin dormir, la mañana entrevistando con el equipo directivo del hotel, sin conseguir nada, ni vídeos de seguridad, ni entrevistar al camarero del menú que obviamente fue quién dio la ropa y el chivatazo al segundo. Nada.

Lo único que logré es que me devolvieran mis 100 RM.

Me armé de valor, me sequé la frustración y me fui a hacer mi trabajo.

Bienvenidos a Penang

La ciudad Patrimonio de la Unesco: Penang, expone con soltura la mezcla de culturas que tiene éste país. Sus rasgos cambian a través de sus kilómetros y las diferentes creencias se respetan y adaptan en armonía. Así, sus mezquitas fusionan su arquitectura con el barrio en el que crecen: little india, china town…

El street art decora la ciudad con encanto, a través de pequeños murales que engalanan, critican y aportan valor cultural a través de su historia.

La calle se llena de música en directo, flores para las ofrendas y olor a comida nueva.

Una niña pequeña, vestida con shari, se acerca a mí en la calle, entre las tiendas de oro y me regala un pendiente para la nariz. Cuando intento pagárselo, me dice que no y sonríe tapándose la boca, tan coqueta y preciosa que me hace sonreír también. Entre signos, me explica que es un regalo para mí, por que sí, por que soy bonita, por que me lo merezco.

Después de la noche que he pasado, es un regalo que me llega hasta el alma.

Sigo paseando por barrios construidos sobre el agua, viendo a su gente ver la televisión, cocinar, salir a comer, coger el autobús, que, por cierto, es gratis para todo el mundo y recorre la ciudad al completo. Paseo desde su fuerte y su zona británica hasta los barrios más coloridos.

De templo en templo comprendiendo sus creencias, sus diferentes formas de expresión, de mostrar devoción y de vestir. Me cubro con una capa roja, como caperucita y en el free tour de la mezquita, me explican cómo se lavan, cómo cantan, la ausencia de ídolos y su forma de rezar.

Soy ajena a éste mundo y sin embargo, todos aquellos que se cruzan conmigo, pretenden hacerme parte de él. Me involucran en su cultura, en su fé, en su gastronomía y me dejan hacer miles de preguntas compartiendo conmigo, su forma de vivir. Es el mayor regalo.

Termino el día nadando en la piscina entre chinas y japonesas nadando con neopreno de cuerpo completo y mujeres de oriente medio con burka, custodiadas por sus coléricos maridos que me miran las piernas con desaprobación y me preguntan airados si estoy mirando a su mujer. De hecho, uno de ellos añade, sin ser preguntado, mientras mis ojos azules descubiertos encuentran complicidad con los negros de henna tapados de ella, que su mujer puede vestir como quiera y que quién soy yo, para señalarla. La escena era que mi brazo lo que hacía era llamar al camarero para beberme una cerveza (cosa que tampoco aprueba) y, por tercera vez en éste viaje, vuelven a llamarme «puta», así que decido irme a ver atardecer entre locales en la orilla de la playa. Para mí éste paisaje: A mi espalda la jungla, enfrente, un mar cargado de fuerza y bravura.

Por la noche, me asusto al ver la fuerza del mar de la China embravecido y los relámpagos rompiendo el cielo. La violencia es tal que me despierta sobresaltada y un pensamiento aterra mi mente: Tsunami. He pasado el día escuchando historias sobre como el mismo destrozó este área y mis amigos están sufriendo las terribles consecuencias de los terremotos de Indonesia.

Cuando la naturaleza explota…

Por la mañana, desayuno en la terraza de mi habitación, con vistas al mar, inhalo, exhalo y cuando abro los ojos, cinco cuervos se sientan en el alféizar mirando golosos mi menú. Decido regalárselo, me visto, cojo las maletas y antes de poner rumbo a la isla, visito uno de los templos más bonitos que he visto: Kek Lok Si. Construido bajo el prisma del feng shui y abrazado por la montaña, respira calma y armonía. Sus colores, budas, templos y esculturas, atraen a monjes, turistas y fieles, no es de extrañar, si hasta tiene una campana de los deseos que te permiten hacer tronar entre las cumbres. No te lo pierdas, merece la pena verlo. Haz click aquí.

 

Información Practica

Transporte

Para los trayectos cortos, los autobuses son de gran calidad y confort y muy baratos, eso sí, ten la precaución de comprar tu billete en la estación, dado que con bastante frecuencia cancelan los autobuses o cambian la hora de salida y aquí, el servicio de atención al cliente, no existe.

Para trayectos largos, no lo dudes, coge un avión.

 

Baños Públicos

La convivencia y el respeto por todas las culturas es tal, que llega incluso al retrete. Así, para los musulmanes, el hoyo en el suelo y la manguera encuentran su espacio, igual que para otras culturas, la taza y en ocasiones, el papel fuera de las cabinas, acontecen. La limpieza de éstos lugares es impresionante y, a diferencia de en Japón, siempre hay jabón y secador para las manos.

 

Seguimos viajando, cogemos un bus y un ferry y nos vamos directos a la isla de Langkawi.

 

Bienvenidos a Langkawi

La isla del relax, la llaman. La Ibiza malaya, le dicen. Langkawi es azul. No hay mejor color en el mundo. Es azul y es verde, con tonos de oro y sonrisa de dientes blancos o ausencia de dientes, depende de con quién hables. Es una isla pija, bohemia y vividora. Se sale todas las noches, es un verano perenne.

Se desayuna bien, se pica entre horas, se come ligero y se cena sin prisa. La gastronomía es cultura y obligación. Sociedad y kilos de más, aquí nada importa, se va descalzo y se combina con gafas de marca. Así es Langkawi.

Mercados nocturnos para pasear mientras se come; té tari, dulce y escanciado; ferias de colores semi vacías con atracciones a punto del declive, malabares con fuego y masajes en la playa, alcohol de venta libre, calles de compras tax free, aventuras en los árboles (Sky Trex) escalando su alta jungla, dormir en tubos de cemento de colores mirando al mar, en el hostel más hipster que he visitado (Tubo Hotel), cruzar el cielo en un taxi de cristal (sky cab), hasta el puente más impresionante del mundo, el sky bridge. Desde su altura, las montañas recuerdan a la isla Nublar y el mar saluda turquesa en la distancia. Una mujer duerme formando la imagen de la tierra y recordando historias de Mohanna y Tailandia saluda al otro lado del mar, mostrando el siguiente destino al que me dirijo. Así es Langkawi.

¿Quieres verla? Viaja a las cascadas, pasea entre monos y túmbate conmigo en su blanca arena. Pincha aquí. Minuto 9.44.

 

¿Más? ¡Claro!

Te espero en Tik Tok!!! @Woman_Word y en Peoople con mis mejores recomendaciones @womanword

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