Qué hacer en Valencia en dos días

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Descubre una ciudad mágica que enamora con su posibilidad

He venido a Valencia a descubrir ésta tierra que huele a cítrico y a azahar, que sabe a chufa, a fartons y a coca de almendras, en la que el sol calienta hasta en los días fríos y la lluvia acontece fuerte e inesperada.

No te pierdas todo mi viaje en directo en mis destacados de Instagram: Valencia, ya online.

He venido a conocer levante en pocos días y mi aventura me lleva a comenzar con una sonrisa que ilumina, desde la pequeña Villarreal, en Castellón, hasta la ciudad de Valencia.

No te pierdas mi vídeo y después, sigue leyendo:

Día 1: Villarreal

Entre montañas, Villarreal amanece tranquila, sus calles respiran la mañana casi sin tránsito y me paseo como si fuese la propietaria de las mismas, como una vecina más de una localidad a la que mis pies llegan por primera vez.

Con el corazón en la mano, voy botándolo por sus estrechas avenidas, haciendo fotos y parándome a hablar con quienes se cruzan en mi camino. Exhalo felicidad y hasta el sol sale para abrazar mis hombros y calentar mi pelo.

Su hermosa Basílica de San Pascual se yergue vigorosa, llena de orgullo dejando sonar las campanas en orquesta alegrando el aire que corre despeinando las copas de sus árboles podados.

Miles de peluquerías y parques infantiles decoran mi paseo hasta la plaza central, la conocida como Plaza de la Vila, del Siglo XIII, donde los arcos medievales se conjugan con la historia y me llevan, callejeando hasta el hostal de la reina, del siglo XV, en honor a la regente y llego hasta Sant Roc, donde el gusto por las alturas en los monumentos de éste pueblo, vuelve a hacerse patente, así que alzo la cabeza hasta que mis ojos quedan cegados por el sol y vislumbro la torre caminando entre las nubes pintadas sobre un inmenso cielo azul.

Sus puertas con grabados, sus edificios de colores y de ornamentación cuidada y sus carteles en las calles en los que rezan textos como: «Prohibido tirar fuegos de artificio», me hacen feliz al reconocer la cultura que exhala de la vida cotidiana.

Conocida por el cultivo de naranjas y la cerámica, sus paseos me llevan hasta el verde de sus árboles y la calma de su río, apoyada sobre el puente de Santa Quiteria, bien de interés cultural, aspiro el aroma de la posibilidad que emerge y me río a carcajadas mientras dos runners me miran y sonríen.

Día dos: Rumbo a Valencia

Tras comer y echarme la siesta, placeres meritorios de vez en cuando, me llevan en coche entre canciones e historias que hablan de recuerdos rumbo a Valencia, capital de la Comunidad Valenciana.

Valencia puede ser descrita a través de sus calles intramuros, cargadas de street art del que engalana con cultura, música callejera, plazas que abrazan a quienes se sientan en ellas y sonido de agua y mirada al mar desde un barrio reconstruido desde la miseria a lo más hip.

Mi primer paseo comienza en el centro de la ciudad: Desde la capilla sixtina valenciana, conocida como la pequeña San Nicolás, hasta el Mercado Central, donde desayuno un zumo de naranja natural y un bocadillo de jamón ibérico delicioso.

Sigo paseando hasta la Lonja de la Seda y sus cúpulas abovedadas y columnas de palmeras, entro en la hermosa Iglesia que se muestra ante ella, bajo al Palacio del Marqués de dos aguas y su hermosa cerámica y salones nobles, la universidad, la plaza del ayuntamiento, la plaza de toros y el barrio de Ruzafa.

Paro a comer un arroz de marisco y beber sangría y agua de Valencia, me compro un helado de turrón y sigo mi camino.

Llego a Santa Catalina, compro una coca de almendras y meriendo una horchata y un fartons en la horchatería más antigua de la ciudad que consta de dos siglos a sus espaldas.

Para bajar los manjares, paseo hasta la Catedral y la Plaza de la Reina, en rededor descubriendo L’almoina y la preciosa plaza de la Virgen, el interior de su Iglesia y llego hasta las murallas de la ciudad bajo las Torres de Serrano y las Torres de Quart.

Termino mi día en el IVAM y en el Convent del Carmen al ritmo de la música en directo y de espontáneos bailando foxtrot en sus plazas.

¿Qué visitar?

¿Qué comer?

Día tres: Valencia Extra Muros

Paseo por el parque Turia, cauce que antes perteneció al río y se desvió para evitar inundaciones. Hoy, hermoso lugar verde donde relajarse, correr, leer, montar en bici, hacer skate… caminando entretenida, llego hasta el Palau de la Música y a la hermosa arquitectura del Oceanográfico.

Tras caminar entre sus edificios blancos y fuentes turquesa, cojo un taxi en dirección a la Malvarrosa. Desde el puerto deportivo hasta la fábrica de hielo, en el Cabañal. Tras disfrutar de una sesión DJ, me baño en el mar y duermo la siesta acunada por la brisa.

Al llegar el atardecer, bailo en Marina y ceno en la Peseta.

Valencia, ciudad de contrastes, sabes hacerme tranquila y mejor.

Seguimos viajando…

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