«Me estoy dejando la piel»: Una breve historia de amor y de amistad

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«Me estoy dejando la piel», entre comillas por que la frase es tuya. Hueles a humo es una nueva narrativa, historia surgida de los días.

Hueles a humo y tu nombre suena a música de compases marcados y palabras afiladas. Hueles a humo y desde que compartimos camino, la mañana comienza cuando tus ojos verdes aparecen de reojo y me otean con firmeza latiendo una sonrisa.

Tus manos toscas acarician mi espalda como susurros que pausan el tiempo. Eres dulce y abrazo, aunque el negro te vista por fuera. Sincero, tus palabras dichas sin voz me inspiran calma. Hueles a humo y me haces fuerte. Hueles a humo y tras la coraza, tu sonrisa tímida esconde un corazón con miedo.

Llegan las rayas marineras y como las olas, despacio, entre la bruma que acontece, los colores aparecen.

Hueles a humo y tu sola presencia me compone y me hace fiera. Conciso me describes como el trueno y la tormenta. Hueles a humo y encontrarte cada día, convierte mis pasos en felices transcursos.

Hueles a humo y me apeteces. Hueles a humo y juego a hacerme un hueco sobre ti en el calor de la tarde, bajo el sol que prepara la siesta. Te aspiro y te sonrío y entonces, aparece tu risa quebrada, tan verdad que mueve tu cuerpo y me balancea.

La felicidad no entiende de matemática aunque busques explicaciones al vacío que llena y que aboca, me sumas sin darte cuenta y multiplico. Hueles a humo y escondes tesoros en el puzzle que te compone. Tú eres mi aventura y mi viaje y me sorprendo jugando a descubrirte.

Te describes en la sombra y sin embargo, eres la luz más potente, esa que baña y eleva. Hueles a humo y sencillo, prendes ceniza los grises.

Hueles a humo y lejos de desaparecer, impregnas y calas. Hueles a humo y sin quererlo, transformas lo poluto en realidades que abrazan. Hueles a humo y en tu aroma encuentro esperanza.

El sonido se viste de gala para ti. A mi amigo, que también supo pintar en mis días, el trueno y la tormenta.

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