Descubre Amberes: Sensaciones, dónde dormir y dónde comer

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Bienvenidos al primero de dos reportajes sobre mi preciosa aventura en Amberes. Ya habéis podido ver las primeras publicaciones y el viaje en directo en redes sociales. Ahora, con una narrativa cuidada, imágenes y el vídeo sobre la ruta completa para descubrir Antwerp en dos días. Hoy: Descubre Amberes: Sensaciones, dónde dormir y dónde comer.

Comenzamos:

Reconocerás el vuelo a Bruselas en la T2 del aeropuerto de Madrid ya que es el único embarque que, puntual, disfruta de sus pasajeros en una cola de orden perfecto.

Silenciosa, con espacio personal y vital entre quienes esperan, el ofrecimiento de todos ellos a facturar su maleta, “si el avión va muy lleno”, pues “no es molestia” y un continuo: “Muchas, gracias, muchas gracias”, acompañado de una sonrisa sincera entre su tripulación de tierra la define.

En los vuelos a Bélgica, pese al sueño de la madrugada y el frío del rocío aún erizando la piel, hasta los niños se comportan con dignidad. Arrastrando sus pequeñas mochilitas, esperan tranquilos su turno para subir al avión con su DNI en una mano y la pantalla de sus móviles con el brillo al máximo, en la otra.

Hace unas semanas, recibí en mi casa un cofre de cartón piedra decorado con escenas coloridas del Barroco. En su interior, una carta firmada con una provocativa frase al más puro estilo del XVIII: “De su más devoto servidor”, firmada por el mismísimo, Pedro Pablo Rubens y junto a la carta que me invitaba a descubrir la ciudad, una misteriosa llave dorada de un palmo de larga.

Sin dudar, hice la maleta y me encaminé al aeropuerto, ¿qué sorpresas me aguardaban al otro lado de las fronteras?

Con la suerte de volar en uno de esos aviones antiguos, de dos filas y sin nadie sentado a mi lado, crucé el cielo mientras los primeros rosas aparecían, como en un óleo, a colorear el día. Así comenzaba mi viaje hacia la tierra de los maestros flamencos. 

En el bar del aeropuerto, el Java Bar, recóndita isla utópica a las diez de la mañana, junto con un café, me esperaba mi primera guía, la señorita Wilbrink, para darme la bienvenida a Flandes, el país de los maestros flamencos, como hicieran en su día a Juana, (que de loca no tenía ni un pelo, lo que sí tenía era mucho poder y el género equivocado) y acompañarme en tren hasta Amberes, la ciudad que sería mi hogar los próximos días.

Durante el viaje en tren, Wilbrink me explicó con verdadero fervor, las bondades de su ciudad, su historia, su arquitectura y sobre todo, su tradición más artesana: La cerveza.

Dos mil tipos de cerveza y ciento ochenta fábricas en el país. Tras tantos siglos preparando semejante brebaje, aún quedan seis tipos que siguen siendo preparadas al estilo de los monjes, las Trappist. 

Con sus diferentes sabores, sentarse a saborearlas en las diferentes plazas de la ciudad parece una labor imprescindible para entender la tradición de éste pueblo. De las negras más dulces y fuertes, a las fuertes y amargas rubias. Entre ellas, Chimay Blau, Orval, Westmalle… y hasta cervezas de sabores, como la de cereza, muy rosa y que muestra el gusto por una cocina que mezcla lo dulce con lo salado.

Comienzo mi visita con la Ambar de Koninck: Tripel D’Anvers, siempre servida en su especial vaso de balón, en la preciosa habitación de dos plantas de mi primer hotel en la ciudad: De Witte Lelie. Un edificio de arquitectura tradicional belga, paredes decoradas con telas y papeles pintados al estilo barroco y cuya decoración y cocina, acogen y abrazan entre el calor de sus chimeneas.

Llegamos a mi hotel atravesando la preciosa estación de tren de Amberes: Antwerp Centraal. La ciudad, importante puerto comercial gracias al río Escalda, honró la llegada del tren con su la construcción de su estación central, con el dinero proveniente de los diamantes del Congo, en 1905. Sobre su suelo decorado, eleva una hermosa cúpula que tardó 10 años en ser construida y, a pesar de haber sido dañada por los bombardeos de la II GM, es reconocida hoy como una de las estaciones más bonitas del mundo.

Cuando salgo a pasear por la ciudad, puedo escuchar el dominio de sus tres idiomas a mi alrededor: francés, alemán y flamenco, sumando un cuarto, el inglés. Sus calles se suceden, tranquilas, limpias, casi ausentes de papeleras y sin olor a tabaco. Camino y sus gentes me saludan con sonrisas cómplices que parecen darme la bienvenida a su hogar.

La gente en Amberes es amable y flexible. Les gusta ir en bicicleta y pararse a hablar con cualquiera. Descubro, paso a paso, que quienes viven en aquí, lo hacen rodeados de historia, de historias, de tiempo congelado en obras de arte con las que conviven en sus rutinas. 

La gente de Amberes convive con un secreto: El dominio del tiempo y vidas basadas en la calma y la felicidad tranquila.

Encuentran el tiempo para disfrutar la vida, de cerrar a las seis, de salir a medio día, cualquier día laborable y sentarse en el muelle, en uno de los banquitos que bajo los verdes árboles miran al río y tienen tiempo para comer frente al Escalda, con el castillo, la catedral y la ciudad, a su espalda.

Los patos lo saben y se sientan a sus pies a esperar pacientes alguna migaja. Mirándoles, me imagino la época en la que se escribieron las leyendas y el gigante obligaba a su pueblo a vivir recluido en su ciudad… puede que por eso Amberes sea tan bonita, cuidada, limpia y acogedora. Al no poder salir, crearon la ciudad perfecta en la que vivir por siempre, un hogar para todos.

Me imagino todo esto mientras una señora se baja de su bici y los flecos de colores de su sillín tintinean al viento de comienzos del verano. Pienso en Brabo y en cómo ese “lanzar la mano” que da nombre a la ciudad, me cuadra más con su hospitalidad dándola, que con un acto sanguinario. Amberes no se teme, Amberes es amor.

Me imagino su pasado comerciante y viajero, su barrio de marineros, la construcción de sus iglesias y catedrales, los secretos escondidos en las losas, en los lienzos, en las habitaciones secretas al final del corredor… y vuelvo al presente para observarles ahora, siendo parte, viajera, no turista, parte de éste todo que se abre ante mí y me deja descubrirlo.

Dejo el mapa en el bolso y paseo conociendo la ciudad y los puntos con los que ubicarme. Me pierdo y me encuentro, desarrollo una guía mental sobre mis pasos y me dejo llevar por sus calles, sus murales y sus plazas.

A la gente de Amberes, le gusta las tiendas de helados y ponen un bonito forrito al sillín de sus bicis, las cuales corren y se aparcan en multitud, por toda la ciudad a través del respetado carril que tienen para ello hasta en las zonas “en obras”.

Amberes es una ciudad que sigue buscando su mejor cara, zanjas abren las calles y andamios cubren sus edificios buscando, siempre, la mejor versión de sí misma.

Diamantes y chocolate quitan la fama merecida al pescado y la cerveza. Música en todas sus calles y pintura, traída a nuestros días a través de los siglos y creada desde cero engalanando sus paredes en enormes dimensiones y color, conviviendo y respirando juntas: barroco y arte urbano.

La gente de Amberes habla muy alto y es de fácil sonrisa. Colaboran y anteponen la humanidad a las normas. Si esto es un gesto belga, me alegra que la capital de los derechos humanos esté en Bruselas y me entristezco al desear que esas normas fuesen de obligado cumplimiento, a nivel internacional, en unos días en los que ser humano parece olvidarse por momentos de que lo es.

Me siento refugiada en ésta ciudad y la disfruto corriendo de un lado para otro, de la estación al río y Viceversa. 

Tiendas de tatuajes cada 50 metros, cultura veggie y miles de limonadas homemade decorando los menús de los restaurantes. Tiendas hipster, cultura hype y espacios de diseño cuidado, multidisciplinares, donde todo tiene cabida y lugar, como sus tres idiomas y la convivencia pacífica de culturas y religiones tan diversas como lo son musulmanes, cristianos, budistas, ateos, agnósticos, judíos, protestantes… con sus vestimentas, oraciones y costumbres.

Hay llaves mágicas que nos llevan a vivir la ciudad como un verdadero flamenco. En estos reportajes, voy a mostrarte una ciudad diferente, atractiva e inspiradora:

¿Dónde dormir en Amberes?

  • De Witte Lelie. Sin duda. Ubicado en uno de los antiguos barrios de alta clase de la ciudad, éste small luxury hotel ofrece la sensación de vivir como los adinerados huéspedes del Siglo XVIII. sus altos y cuidados muros ubican su corazón en un verde patio central. Sus habitaciones de doble planta en éste edificio de arquitectura tradicional belga, sorprenden por la cuidada decoración inspirada en el barroco y trayendo éste al mismísimo siglo XXI. Sus paredes decoradas con telas y papeles pintados y su cocina, acogen y abrazan entre el calor de sus chimeneas. No te pierdas sus maravillosos desayunos a la carta, en un cuco comedor con vistas al jardín y a la chimenea. 
  • Indigo Hotel. En la mismísima plaza de la estación central, frente al barrio chino, a la noria, al zoo y al barrio de los diamantes. Entrada a la avenida Meir, que nos guía al centro en un agradable paseo, éste hotel, permite disfrutar de las mejores vistas desde la propia habitación. Palmeras y flamencos decoran todas las estancias y su diseño acogedor y moderno, entre lo minimal y el confort, te atraparán. Estarás deseando pasar tiempo de calidad en tu habitación y en el baño… la ducha y la decoración completa es impresionante. No te quedes sin cenar en tu propio hotel. Termina tu visita, date una ducha y baja a cenar al comedor. Siéntate en su amplia mesa de madera central y disponte a disfrutar de la carta. Cargada de productos de alta calidad y de productores locales, tienen, además, una amplia oferta de vinos y cervezas perfectamente seleccionados. Juego con la hamburguesa belga, acompañada de patatas fritas y para el postre, cierro mi viaje con el tradicional gofre. Como punto estrella, ver la noria dando vueltas  en la oscuridad de la noche, tomando una Tripel y comiendo chocolate, desde la habitación de tu hotel.

 

Y si te has quedado con hambre…

¿Dónde comer en Amberes?

  • Adelante la hora de la cena y visita la Brasserie Appelmans. Déjate guiar por sus camareros y prueba cualquiera de los platos del día realizados con productos locales de temporada, como los enormes y sabrosos espárragos blancos flameados y servidos con un revuelto de huevos y trufa. Disfruta de sus quesos y sus divertidas croquetas, hártate de echar mantequilla al pan y pídete una Koninck para acompañar los sabores. De postre, no dejes de dejarte enamorar por el helado de pistacho sobre delicias árabes, es espectacular y su presentación te dejará boquiabierto. Como colofón, uno de sus cócteles caseros. El de frutos rojos sin alcohol con pajitas biodegradables de papel o bambú y toque de menta, es el final perfecto para una cena belga diferente. La Brasserie es, sin lugar a dudas, un restaurante eco friendly, por ello, siempre merecerá una visita. Además, te enamorará su ambiente acogedor y su diseño cuidado.

 

  • Paseando por el centro, a unos pasos de la plaza del ayuntamiento, un oasis de calma te espera para degustar su cocina sentado viendo las calles del centro a través de su cristalera. No hay mejor opción para hacer un alto en el camino que Backyard. Pide una cerveza, una de sus limonadas y un plato principal, que no te asuste el precio, en los 21 euros que cuesta comerás hasta quedarte saciado: Atrévete con su plato de carne tradicional servido con sus maravillosas patatas fritas y ensalada de col. Después de comer, ¡necesitarás un  largo paseo por la ciudad!

 

  • No te puedes ir de Amberes sin visitar el sitio más hip en uno de los barrios de moda de la ciudad: Local Store. Esta concept store aúna su faceta como tienda de productos biológicos y delicatessen, con un jardín exterior e interior, con mesas de madera donde disfrutar de los primeros días de sol del año y su cocina vegana, ecológica y homemade preparada en el día. Date un gustazo con su lasaña vegetariana y su tarta de chocolate, por supuesto, belga. Para beber, nada mejor que la limonada de violeta. Antes de ponerte en camino, hazte con cualquiera de las tabletas de chocolate que ofrecen. Son deliciosas.

 

 

Amberes en dos días

No te pierdas el vídeo y el reportaje completo con la mejor ruta en la ciudad: 

Qué ver en Amberes en dos días (Online en web, youtube y redes sociales el 4 de junio)

La magia de los maestros flamencos aguada en la ciudad, tranquila, cargada de posibilidades y de lugares mágicos que te descubro en mi próximo reportaje del día 4 de junio. Una ruta perfecta, detallada, con todo lo imprescindible para descubrir una ciudad de ensueño:

La cuna de los maestros flamencos – Travel with Flemish Masters to their homeland Flanders – Rubens nos espera con sus mejores obras. Personaliza ya tu ruta en la web de Visit Flanders y si necesitas ideas… ¡Sigue la ruta completa de WOMANWORD en Amberes: Museos, hoteles, restaurantes, secretos, monumentos, la mejor arquitectura, puntos de vista y el mejor street art!

¿Quieres más?

Ya puedes escuchar su propia lista de reproducción en Spotify para comenzar a sentir la magia de ésta ciudad antes de leer mi próximo reportaje sobre ella y viajar conmigo a través de mis imágenes. ¿quieres saber cómo suena? ¡Haz click aquí, yo ya la estoy siguiendo!

Para descubrir la ruta completa y vivir la ciudad al completo en dos días, no te pierdas mi siguiente reportaje, podrás descubrir la ciudad en texto, foto y vídeo. Hazte ya con tu Antwerp City Card y sigue leyendo:

Países Bajos: Holanda, Bruselas, Amsterdam, Amberes

 

¿QUÉ VER EN AMBERES EN DOS DÍAS? 

Sigue leyendo…

 

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2 comentarios

  1. Buen post, me ha gustado mucho. Sin duda tiene que ser una preciosa ciudad que visitar. Espero poder ir algún día. Gracias, y saludos.

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