Un viaje en el tiempo: Un día en el Tren de Soller

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Una de las excursiones indispensables al visitar la isla de Mallorca es el recorrido del antiquísimo tren de Sóller.

Diferentes familias emigradas a Venezuela, regresaron a Palma pudientes y con ganas de homenajear su tierra tras la melancolía de la lejanía. Así, unieron sus capitales para crear una vía ferroviaria que uniese Palma con Sóller recorriendo la Serra de la Tramuntana.

Se dice, que el día de su inauguración, las portadas de los periódicos se vieron salpicadas por el hundimiento del Titanic.

Hoy, se dibuja un viaje en el tiempo. Desde su estación particular hasta sus vagones de madera con sillones de piel ancestrales cuyo respaldo gira según la dirección del coche, el traqueteo del tren y su silbato atraviesan la vegetación, los pueblos y los fríos túneles excavados en el corazón de la montaña.

Mientras el cuerpo tiembla y el sol cala por las ventanas abiertas de par en par, sacar la cabeza es algo inherente a la vez que se inhala el olor del mediterráneo más puro.

Venidos de todas partes del mundo, los turistas excitados al principio, comienzan a guardar silencio cuando el tren se pone en marcha. Poco a poco, el tiempo se congela y parece que entre susurros, sus primeros pasajeros aún rieran descubriendo ésta maravilla descrita con elegancia en los billetes que agujerea el revisor: “El arte de viajar en tren”.

En las paredes del tren, las obras del hijo pródigo de Sóller adornan las paredes: Miró.

Durante una hora y diez minutos, una se relaja, sin cobertura y sin más que observar la naturaleza que nos rodea, las palabras fluyen libreta en mano y las imágenes se agolpan en las retinas.

Al llegar a Sóller, su estación sin fronteras nos permite descubrir un pueblo típico de la isla, con su gastronomía, su mercado y sus vías del tranvía. En él nos montamos para proseguir el viaje, desde la montaña hasta el mar, al corazón abierto del puerto con su playa, su mirador, su museo naval, sus embarcaciones y sus restaurantes de pescado fresco.

Con más de un siglo de antigüedad, los vagones de tranvía siguen subiendo y bajando las empinadas cuestas que durante 20 minutos y varias paradas, separan el pueblo del mar.

Una vez en el puerto, un catamarán asoma la nariz y nos invita a subir a bordo camino a Sa Calobra y al Torrent de Pareis, patrimonio de la humanidad de la UNESCO, con ocho kilómetros perfectos para el trekkig, el senderismo, el ciclismo y hasta la escalada.

En barco, recorremos 45 minutos de calas, atalayas del siglo XVI contra la piratería capaces de tener comunicada la isla al completo en dos horas mediante señales de humo, cuevas donde los piratas escondían sus botines y donde ahora son guardados por miles de murciélagos, la cima de Puig Major, la más alta de la isla y coronada base militar americana, a 1445 metros de altura hasta llegar al morro de vaca, donde girando a la derecha, llegamos al puerto de Sa Calobra.

Las aguas cristalinas de color turquesa brillan bajo el sol de medio día. Una bienvenida de primera a una parte de la isla en la que el silencio reina a pesar de las visitas y donde el paseo se torna aventura gracias al paisaje.

Tras atravesar caminos, pasadizos y escuchar a las cabras salvajes llamar nuestra atención desde la cima de las escarpadas laderas de los acantilados, el tiempo se congela de nuevo y la prehistoria saluda orgullosa de su potencia natural. Hemos llegado al Torrent de Pareis y entre la altura de sus montañas, su pequeña salida al mar y su intrigante camino al interior de la isla entre piedras, lagos, sombras, cuevas y silencios, pone la piel de gallina y la mente se detiene a descansar entre los recovecos del instinto.

De vuelta al puerto, el cuerpo se siente cansado y las mejillas agradecen el viento y el sol de la jornada. En el barco de regreso, el sol se pone tornando el agua del mar mediterráneo de un color dorado.

Subiendo en el tranvía, tengo la suerte de coincidir con unos recién casados que afirman que aman su región y sus tradiciones.

Tras comprar un dulce en el pueblo, me subo al tren, esta vez las ventanas están cerradas por que el frío de la noche cala. Bajo la luna, redonda y reluciente, como en uno de esos cuentos dibujados, una casita iluminada descansa. El traqueteo agradece las visitas y adormece, como antaño, a quienes se recuestan en sus asientos.

De vuelta a Palma, la magia de una época pasada acaba. Toca el silbato de la estación y los tiempos modernos nos dan la bienvenida. Es hora de despertar con una sonrisa creciente.

Mallorca tiene magia. Lo veo mientras recuerdo mi recorrido de noche atravesando la tramuntana en un tren de madera.

Nota al lector

El maravilloso clima de Mallorca permite disfrutar el recorrido en cualquier época del año. Sobra decir que en mi caso, a fecha 26 de octubre, lo hice llevando camiseta de tirantes y shorts.

No te lo pierdas todo, siempre en directo, desde las redes sociales de WOMANWORD.

Los horarios recomendados para realizar esta excursión y aprovechar el día al completo requiere salir de Palma a Sóller en el tren de las 10.10, pasear por el pueblo y coger el tranvía de las 12.30 para tomar el barco de las 13.00 horas. La vuelta perfecta es a las 16.30 horas, cogiendo el tranvía a las 18.00 y el tren de las 18.30 llegando a Palma de nuevo a las 19.30.

 

Más Información

Viajar / Travel

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1 comentario

  1. flor silvestre on

    Al leer tu artículo he dejado volar mi imaginación 40 años atrás, cuando todos los poros de mi cuerpo destilaban ilusión y emprendía mi primer viaje de fin de curso rumbo a Mallorca con 700 pesetas en mi bolsillo y una maleta vacía que esperaba se fuera llenando de aventuras.Entonces me sentía libre ,independiente y enamorada de aquél paisaje agreste, de aquél clima cálido y del mar .Tengo que confesarte ,Womanword ,que he sentido mucha envidia de tu trabajo.

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