El Encuentro

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Por Rocío Pastor Eugenio.

Avanti Teatro con la dirección de Julio Fraga pone en escena la obra de Luis Felipe Blasco Vilches: El Encuentro.

La sinopsis reza que El Encuentro no es otro que el que mantuvieron, en febrero de 1977, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, para legalizar del Partido Comunista y asentar las bases de la transición. Unas líneas interesantes que hacen que la audiencia quiera colarse de puntillas en esa reunión de hombres influyentes, de palabras susurradas, de visiones de futuro, de esperanzas compartidas, de hilos entretejidos y de una España dolorida, no tan lejana a la de hoy, que trataba a coletazos de salir adelante, con miedo, con esperanza y sobre todo, con ganas de un conseguir un futuro para [email protected]

Así pues, entre el humo de cigarro, las palabras que no se dicen, las miradas que hablan por sí solas, los silencios ensordecedores, los pechos erguidos y la humanidad que acaba reflejada, los valores e ideales en pro de una España a la que amar, de un pueblo al que dar crédito y libertad y el ansía de un futuro necesario basado en la esperanza, la igualdad y la razón asaltan este encuentro de corazones razonables, de pasados que avergüenzan y de decisiones nada egoístas e inocentes.

Un grito al auditorio que invita a abrir la mente y sobre todo a descongelar el corazón y calzarse esas gafas que nos renuevan la humanidad perdida y la crítica necesaria. Como Julio Fraga indica: “El encuentro pretende ser una invitación a la reflexión”.

Dos personajes, el alto y el bajo, llevados a cabo con magistral esencia por Eduardo Velasco y  José Manuel Seda, que hablan de una clase política representante, digna y humilde. Dos personajes creíbles, representados en tono, en vestuario, en actitudes que narran quienes son y de dónde vienen. Representantes representados desde la universalidad trasladable a cualquier país, a cualquier momento y centrada en nuestra España, en nuestro pasado y en un legado que desde el ’36 no evoluciona, que no consiguió la transición soñada, que se atascó en una constitución, en un legado político y sobre todo, en una monarquía herencia del fascismo, del miedo, de religión y de silencio.

Un apretón de manos ignorante de que un capitalismo bruto iba a ser capaz de acallar con himnos televisivos e insignias telefónicas los primeros y últimos conatos culturales, de reivindicación, de cambio y de lucha a manos alzadas, democracia real y parlamento.

Una España cíclica que involuciona y una obra temida que humilde invita a reflexionar, a recordar y sobre todo a creer. A creer en quienes somos y en quienes podemos ser. A unirnos en la diferencia, en el respeto y en la honestidad.

Una obra inteligente, sentida, medida y trabajada. Documentada, divertida, hiriente y culta. Una obra de política humana, de teatro, de personas, de necesidad y de realismo en busca de un mundo mejor, para [email protected], desde la unión.

Por que no se debe olvidar, ni siquiera en nombre de la paz: El Encuentro.

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