El abanico de seda

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Por Rocío Pastor Eugenio.

El abanico de Seda narra, entre la realidad y la ficción, la vida de las mujeres chinas.

Una vez más, a lo largo del tiempo y la geografía, la mujer, temida, ha sido sometida en cuerpo y mente por el mundo de los hombre y las tradiciones durante siglos. Mentes apagadas, cuerpos pertrechados, almas con ansias de volar en alas quebradas, en vidas maltratadas.

Los cánones de belleza como excusa perfecta para la dominación, la humillación y la mutilación: Los pies de loto, los lotos dorados. Capricho del emperador que tras conocer a una bailarina de palacio: Yao Niang quien bailó sobre una flor de loto y cuyos «delicados movimientos», movimientos a los cuales respondía por el dolor y la imposibilidad de moverse, le parecieron tan excitantes que  decidió imponer tales «piececitos» por ley a todas las mujeres chinas, causando deshonor quienes no se los vendasen y mantuviesen sus enormes (y sanos), pies.

Pies mutilados, destrozados mediante técnicas brutales e inhumanas, cuyo dolor asesinaba a 3 de cada 10 niñas sometidas a tal sufrimiento para conseguir romper los dedos y el empeine hasta que le pie se plegase sobre sí mismo para conseguir un muñón cuya medida perfecta es el tamaño de un pulgar: 7 centímetros, para goce erótico de los maridos a los que pertenecen por contrato.

La mujer cosificada, convertida en objeto cuyo puro sentido vital es el agradar al marido, complacerle sexualmente, agachar la cabeza ante sus palizas, insultos, engaños y traiciones y parir (no digo dar a luz, ya que no se las consideraba seres humanos, sino animales inferiores, inservibles), hijos varones.

La autora, Lisa Lee viajó a China conviviendo con los autóctonos y empapándose de una cultura ajena a la suya propia, indagando en la historia y en una cultura casi perdida: el Nu Shu, la escritura secreta de las mujeres en la que podían expresar sus verdaderas emociones, siempre contenidas, con libertad e incluso mantener el contacto con las familias, las suyas propias, de las que eran arrancadas y privadas salvo en contadas festividades, para ir a servir a casa del marido.

Una narración concisa, contundente, sencilla y muy fácil de seguir que amena y light es capaz de transmitir el horror sufrido por muchas mujeres a causa de la violencia machista en pequeñas vidas encarceladas que aprendieron a ver pasar sus días de puntillas, desde la celosía de la ventana del piso de arriba.

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1 comentario

  1. Leí tu artículo,me impresionó y me cabreé, leí el libro, me sorprendió y seguí cabreando me…pero hasta qué punto la mente enfermiza de los hombres ha influido en la vida de las mujeres?y porqué tan cruelmente?y la mente de ésas mujeres, cómo han sido capaz de aceptarlo y no rebelarse?me pone nerviosa su pasividad, sí ya sé o me imagino que la cosa no sería nada fácil, pero cómo madre, odiaría a la mía por cometer ésa salvajada y jamás se lo haría a la mía aunque en ello fuera mi vida, sería de las primeras en abrir el camino…

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