Pensamientos de una viandante (5)

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Atalaya y Despertar

Por Rocío Pastor Eugenio.

Hoy me he levantado bajo un cielo gris ceniza que inunda Madrid y parece retenerlo en el tiempo, en el espacio. Pausado, pero contundente, aplasta la ciudad en la pereza y los ojos se entornan para conseguir vislumbrar la luz.

Sentada en la ventana, entre cómodos cojines de colores y con un té entre las manos, los pensamientos recorren mi mente. Artículos, reportajes, producción, fotografías, narraciones… un párrafo más mientras veo la lluvia caer de unas nubes grises y orgullosas que encapotan el cielo, cada vez más oscuro. Entre sorbito y sorbito de té bien calentito, un libro que me espera, toneladas de papeles que ordenar, por no hablar del cambio de armario…

Tras toda una mañana de disertaciones, cojo el paraguas y bajo a la calle. Como siempre ocurre cuando saco mi paraguas transparente, el cielo confabula para que no tenga que utilizarlo, así que un sol resplandeciente me saluda nada más abrir la puerta del portal.

Así, con paraguas y sin gafas de sol, inicio mi recorrido.

Paso a paso, cabeza al frente, me gusta guardar el móvil en lo más hondo del bolso mientras voy caminando para ver, pecho erguido, todo lo que acontece ante mí.

Poco a poco veo hordas de mujeres muy bien arregladas, aunque con cierto aire ochentero, que me sonríen desde la lejanía, cargadas de libros y se acercan de costado hasta mi cortándome el paso. No son ni una, ni dos, ni tres, las vez que este suceso se produce ante mí…

Intrigada, saco el espejo del bolso y me miro, ¿qué cara debo llevar hoy? ¿pecadora, virginal, desesperada? Lo cierto que en menos de una hora es la cuarta vez en una hora que me paran para ofrecerme el «libro»: ‘Atalaya y Despertar’…

Supongo que la respuesta está en las palabras del amable taxista que, incorporado hacía atrás, responde a mi cortés: «¡Cómo está el día, eh!», con un: «Para mí el día está como la veo a usted: un sol muy sonriente”.

Con eso me quedo.

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2 comentarios

  1. Tienes razón, pero de dónde salen tantas súbditas?desde luego a éstas no tiene que mandarles el médico que caminen…lo del taxista, un piropo rechulo y optimista, que suerte que puedes tomar taxis…

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