Cómo perder el miedo a montar a caballo

5

Perder el miedo a montar a caballo es una de las experiencias que más libre y en paz me ha hecho sentir.

Cada vez, el ser humano busca encontrarse en la naturaleza y encontrarse a sí mismo en un ambiente saludable en el que ejercitar su cuerpo y calmar su mente huyendo de las prisas y el humo de la ciudad.

Practicar todo tipo de deportes está a la orden del día, sobre todo, siguiendo la tendencia, aquellos que entrañan sol, campo y vida.

Así, los caballos, animales que forman parte de la memoria del ser humano desde hace siglos, vuelven con fuerza a implantarse como lifestyle en el que lo importante es la convivencia, el respeto, el cariño y la admiración, además de cómo completo deporte en el que ejercitar la gimnasia pasiva, los abdominales, la espalda, la flexibilidad, el equilibrio, la resistencia, los glúteos, las piernas y los brazos en un ejercicio tonificante al 100%.

Los amantes de los caballos se suman día tras día. Su belleza, su porte, su elegancia y además, su respeto, su fidelidad y su obediencia les describe. No es de extrañar que todos quieran estar cerca de ellos y conseguir montarles al menos, una vez en la vida para conseguir entender ese vínculo mostrado tantas y tantas veces, entre animal y jinete.

Un vínculo de confianza, amor y respeto mutuo. Sólo así se logra el cuidado de un animal prodigioso y portentoso, enorme y fuerte, como es el caballo.

Muchas personas que aman a los caballos, sienten un miedo atroz de estar junto a ellos. No son pocas las historias que se escuchan sobre accidentes en esta disciplina. Su altura, su peso y su fuerza son suficiente para acobardar a cualquiera. Por eso, para desmentir mitos y borrar el miedo, WOMANWORD ha colaborado con el Centro Ecuestre El Madroño para conocer sus actividades y su actitud para ayudar a quienes tienen miedo a superarlo de forma agradable, en contacto directo con el animal, conociéndole y respetándole.

Si quieres aprender a montar a caballo y disfrutar ésta experiencia en lugares tan emblemáticos como Sevilla, haz click y no lo dudes: RESERVA.

© Rocío Pastor Eugenio. ® WOMANWORD

© Rocío Pastor Eugenio. ® WOMANWORD

PRIMERA CLASE: CONOCE AL ANIMAL

Bárbara Lucena es bióloga y pedagoga. Ella es la encargada de enseñarnos las instalaciones y de guiarnos por este camino anti miedo en el que nos hemos embarcado.

“La primera palabra que dije fue caballo”, sonríe. Su sola presencia hace que todos los caballos del centro, casi 65 ejemplares, alcen la cabeza para saludarla pidiendo su cariño y aprobación. Ella, con soltura, se mueve entre ellos presentándolos uno a uno por su nombre, queriéndoles, abrazándoles y contando con ellos, como miembros de su familia.

En su centro, todos los caballos se quedan, cuidados y alimentados: “quiero saber donde acaban, por eso se quedan conmigo”. con casi 200 alumnos de equitación y salto, en El Madroño se organizan competiciones y los caballos se reparten entre los que colaboran en las clases, caballos propios que cuidan en el centro y caballos del centro alquilados por un determinado usuario que desarrolla un vínculo con el animal y siempre monta y cuida al mismo en exclusiva.

Así, cuando uno atraviesa la colorida entrada se encuentra a una Bárbara sonriente, feliz por poder compartir  el mundo del caballo. Sorprende que divertida afirme que  sus caballos pasean libres por la finca. Al principio, uno podría asustarse pensando en enormes bestias caminando sin control, pero lo cierto es que en cuanto se atraviesan las cuadras, el panorama cambia repentinamente.

Un campo se abre y diferentes cercas  recogen a las manadas en espacios  abiertos mientras algunos de ellos se pasean tranquilos por el recinto viniendo a saludar a quienes se cruzan con cortesía y amabilidad.

La tranquilidad impera en este centro ecuestre en el que la afabilidad de su directora hace imposible que el miedo aflore. “Vamos a entrar aquí con los caballos, ven, vamos a saludarles”, ordena. Imposible no seguirla ya que al segundo tiene la cinta levantada y te espera sonriente. Una vez dentro del redil, rodeada de 30 caballos, sorprende que el miedo sigue sin asomar y es amor lo que se respira. Los caballos, corteses, esperan su turno para saludar, ocupados en masticar su heno reciben agradecidos las palabras de cariño y las caricias.

“Toca el que quieras”, me ofrece. Para acercarse a un caballo hay que tener en cuenta su visión periférica, ellos no ven de frente, son animales de presa, es decir, están costumbrados a ser atacados y devorados, por lo que no atacan sino que huyen y por eso, conviven pacíficamente en manadas, como herbívoros, dejando de lado las peleas. Esta es la razón por la que sus ojos abarcan mayor radio de visión, para protegerse de los depredadores. De esta forma, estiraremos el brazo con la palma abierta y los dedos estirados hacia abajo y hablándoles suavemente nos acercaremos de lado frente a ellos, para ser vistos, olidos y reconocidos.

Sorprende ver lo mansos y cariñosos que son, a pesar de su tamaño, son dóciles y respetuosos, para ellos, en su instinto evolutivo la amenaza y la solución anti-depredadores es el ser humano, de ahí su sumisión.

Los caballos comen tres veces al día: a las ocho de la mañana, a las dos de la tarde y a las ocho de la noche; cuentan con un seguro de vida y visitas periódicas del veterinario. Los machos están capados para evitarles el sufrimiento del que jamás va a copular y evitar enfrentamientos tácitos por el dominio de la hembra y la manada.

Cada gesto del caballo representa una palabra humana, sus orejas, la posición de su cabeza, un relincho… conocerles requiere tiempo, cariño, paciencia, seguridad y confianza, en uno mismo y en el animal. Comienza así una relación especial de conocimiento mutuo y cariño sorprendente en entrega y confianza plena.

“Hay que enseñarles que somos sus amigos, que queremos estar con ellos y cuidarles”, explica Bárbara rodeada de sus caballos. “Nunca me darían una coz, son mi familia. Mira”, dice, y acto seguido pone el pie bajo la pezuña de uno de sus caballos, éste asustado al notar el pie debajo, lo levanta inmediatamente. “¿Ves?”. Lo veo y perpleja me doy cuenta de la capacidad del cariño y cómo este es capaz de superar la barrera entre especies.

“Ellos tienen memoria, por eso te cogen cariño o tienen traumas de soledad, maltrato, miedo… hay que cuidarles con tiempo y cariño. Aquí buscamos mejoras”, una de ellas es Piecito, un caballo que acaban de recoger y al que alimentan 5 veces al día hasta que esté fuerte para poder ser montado.

Sorprende la actitud de los caballos, cada uno tiene una personalidad propia reconocible en su expresión corporal. La manada crece junta y se conoce, al igual que a los profesores, titulados del centro. Así la seguridad y la tranquilidad es plena y ello debe exigirse en todo lo relacionado a la equitación para evitar problemas.

El siguiente paso de esta primera toma de contacto tras el paseo por el recinto entre los animales y las primeras caricias, es alimentar y cepillar al caballo.

Vamos a un box, sin parar a pensar en el y si… y cogemos un caballo manso, así conozco a Donete. Tras ponerle el cabezal, lo saco del box y le llevo a la ducha.

Es importante acercarse siempre llevándole desde el lado izquierdo, la razón histórica es que los caballeros llevaban la espada a la izquierda y el halcón a la derecha, por lo que para ellos era más sencillo montar el animal desde el lado izquierdo. De esta forma, humanos y caballos han interiorizado la práctica que sigue ejercitándose al uso desde entonces.

 Una vez allí, tras atar al caballo, le alimentamos y empezamos a cepillarle. Con un peine el cuerpo con otro la crin de la cabeza y de la cola, así les quitamos el polvo y los enredones.

Después, tocando la pata del caballo, éste levanta su casco y con un elemento especial se quita el barro y la suciedad acumulada entre la pezuña y la herradura en sus cuatro patas. Bien es cierto que diversos ponis, según su tamaño y peso o no llevan herraduras o llevan sólo en las delanteras.

Seguridad, templanza, confianza y respeto.

Es imposible no terminar este primer acercamiento con esperanza y una sonrisa gigante en la cara. La tranquilidad que transmiten no tiene precio.

No te pierdas la siguiente clase…

En ella, daremos un paso más: La monta con cuerda.

¿Sabías qué…?

Todos los ponis son caballos. Hay cuatro clases de ponis. La clase A son los de un tamaño menor al 1’10 metros de altura; la clase B alcanza el 1.30, la C el 1.40 y la D puede llegar hasta el 1.48. Una vez superada esta altura se denomina caballo.

Share.

5 comentarios

Leave A Reply