La Lengua Madre

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Por Rocío Pastor Eugenio.

Palabras. Palabras. Palabras.

Palabras que conforman realidades, palabras que describen nuestros días, que ordenan nuestras vidas y que dan significado a los sentimientos. Palabras que pesan, palabras que huelen, palabras que hieren, palabras que sanan, palabras que matan… punzadas de palabras, pensamientos y palabras enredadas. Malentendidos, entendidos y razones razonadas. No somos más que palabras latiendo desde nuestro ser más profundo, palabras lanzadas al mundo que conforman quienes somos.

No hay una obra más adecuada para una mujer que utiliza la palabra como medio (WOMANWORD), que una dedicada a la palabra, a su defensa, a su cuidado, a la crítica feroz ante quienes quieren destruir una lengua que, como dice su autor, Juan José Millás, nos pertenece a todos, ha sido perpetrada y defendida por todos y representa nuestro legado cultural, vital y humano.

La Lengua Madre, dirigida por Emilio Hernández e interpretada con ternura y sagacidad por un inteligente, humilde y razonado Juan Diego, habla de como el poder, una vez nos lo ha arrebatado todo, cambia el sentido de la lengua para crear oportunismo y palabras vacías que deshacen la razón y confunden el intelecto destruyendo desde su sistema capitalista la base de la humanidad: la palabra, mediante sus prisas, su tecnología y sus términos inexactos que no son otra cosa que «trampas verbales» y «atentados contra la palabra».

Manipulación ante el desconocimiento y alfabetos, el único orden inalterable que une a hombres, mujeres, izquierdas, derechas, pobres y ricos, «el orden alfabético obliga a convivir en el mismo espacio a objetos y seres que nada tienen que ver entre sí y ahí es donde nace el conflicto de palabras», pero al fin y al cabo, «la lengua es lo único que aún no ha sido vendido a las leyes del mercado (…), ¿qué queda cuando las palabras quedan vacías de significado?», cuando las palabras crean imágenes: «Todo se derrumba a mi alrededor».

Como la propia obra indica, analizando la realidad que vivimos desde la comunicación, la belleza del adjetivo y la sinceridad de la palabra exacta, hoy en día nos venden eufemismos destruyendo palabras. Un lenguaje culto, trascendente, envidiado y rico que está ahora en peligro de extinción: «cada día desaparecen más palabras que escarabajos».

Alzando la mirada, una declamación: «Acabar con las palabras  es acabar con el pensamiento, es acabar con la vida».

Una lucha importante y feroz que los medios de comunicación, las escuelas y cada individuo debemos mantener con una escritura correcta, una gramática y una ortografía perfectas y un impecable vocabulario que nos recuerde que «todos somos parte de la creación de El Quijote».

Frases

– «A lo largo de la historia, han sido los locos los que han estado atentos a las señales de las catástrofes, como ésta que se cierne sobre el orden alfabético».

– «Casi todas las esdrújulas son amenazadoras».

– «Mis padres alquilaron una casita con goteras en la sierra».

– «Mi horizonte lingüístico se amplió con las frases hechas».

– «Las palabras flotaban en el ambiente, lo inundaban todo».

– “Las palabras llevan una doble vida, como la mayoría de las personas complicadas”.

– «No me gusta que vayas recogiendo palabras de cualquier sitio porque son infecciosas y crean la enfermedad del oportunismo».

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4 comentarios

  1. Me siento pequeña ante una obra completa en escritura y en interpretación y también frente a tu artículo.Sin las palabras no podríamos expresar nuestros sentimientos, no nos daríamos a conocer, no podríamos haber seguido la obra…Cuidemos pues nuestra lengua.

  2. Impresiona tu comentario, como conduces la palabra viva, el sentido urgente de la imagen, hasta el destino del lector impaciente por terminar tu crítica. Juan Diego es uno de mis actores preferidos, enhorabuena de nuevo womanword.

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