Víctor Massán para WOMANWORD

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UN ASESINATO LIBERADOR

Enjuicias, criticas, insultas, te llenas de pensamientos negativos que te llenan de razones que te hacen creer que creas un sentido de pertenencia en una sociedad enferma y repleta de patrones, hábitos y tradiciones que tuvieron su sentido hace siglos, pero que ya están infinitamente obsoletos y equivocados.

Hace un tiempo fui a un alquimista para entender porqué no tenía el éxito que creía que merecía y que me pertenecía y me dijo que lo única razón que había era que no me lo tomaba en serio.

Me enfadé, despotriqué sobre él, me inundó la ira, la rabia, el desconcierto y la frustración que conlleva el buscar ayuda para que me mareen y me descoloquen.

Afortunadamente, con el mágico y transmutador factor del tiempo, llegué a la fastidiosa conclusión de que tenía razón:

Investigué, busqué, dudé de todo en cuanto había hecho, me avergoncé de todas las falsas razones y justificaciones de las que había tirado y que ya estaban hechas jirones y llenas de agujeros y moho y me dispuse a hacer una quema de todas ellas.

Ahora empezaba la lucha, la verdadera cruzada con la vida: ir en busca del Censor y asesinarlo. Tenía que encontrarlo, reconocerlo, aceptarlo, hacerme su colega y darle la mano y en el momento menos pensado clavarle una daga en la nuca, como hacen los toreros a los potentes miuras y acabar con el de una vez por todas.

Para darle el lugar que él quería tuve que ponerle un nombre. Mi censor se llamaba Gonzalo y era un gran hijo de la gran puta.

Siempre aparecía en el momento en el que iba a emprender algo mágico, creativo, artístico, algo con lo que disfrutaba. Y lo peor es que le dejaba entrar y hacerme creer que él era yo, me indentifiqué con su soberbia, con su rabia, con su odio, con esa fuerza potente y sentenciadora que me daba una indentidad en los momentos de duda.

Gonzalo era un puto facha, conservador y asesino de todo lo que engendraba en mi vientre. Tuve que abortar miles de futuros hijos. A los pocos días de gestación, e incluso en el mismo acto sexual , en ese explosivo momento en el que eyaculaban en mis vísceras y una vida nueva se empezaba a desarrollar, él bajaba por mis entrañas y con un potente revulsivo hacía perder mi futuro, asesinaba mi Arte, maltrataba al niño que una vez fui y al que no le dejaron ver la Verdad.

Pero un día me armé de valor y cogí el arma más potente que podía utilizar: la información. Me dispuse a crear un plan de acción para desarrollar un asesinato premeditado y perfecto. Esta vez no podía fallar o él me mataría a mi.

Estuve durante unos años haciendo que le escuchaba y sintiendo la ansiedad y la angustia que me producía cuando él  despertaba y veía que estaba haciendo algo que a él le hacía arder: escuchar.

Aprovechaba los momentos del día en los que él dormía, que eran pocos, para trabajar sobre su muerte y un día, cuando ya estaba preparado fui yo quien lo despertó.

Levanté mi mirada, pues él siempre estaba unos metros por encima y por delante de mi, erguí mi cuerpo que era más potente de lo que había imaginado y con una sonrisa tranquila en mi cara le dije:

-Ven aquí, acércate que te quiero contar algo.

-No puedo, estoy débil y enfermo y ya casi no tengo fuerzas. Me estás haciendo mucho daño con tu comportamiento. Crees que estoy ciego? Crees que existe la libertad? que la desobediencia, la independencia y la luz te harán ser mejor y disfrutar más de la vida? Hay que tener muchos cojones que tú no tienes para avanzar sin mi. Me necesitas y me debes todo lo que eres. Dónde crees que puedes llegar caminando solo?

-Sólo te quería dar las gracias y perdirte perdón por no haber sabido escucharte, por haberte tenido miedo y no haber sabido amarte. Abre tus negros muslos y déjame abrazarte.

En ese momento me impulsó una fuerza extraña con una erección tan grande que le penetré mirándole a sus ojos vidriosos y enfermos. Eyaculé dentro una luz tan potente que no pudo aguantar y explotó en mil pedazos…y lloré y sentí un gran vacío.

 A su entierro vinieron mis padres y algunas personas de mi infancia que creía haber olvidado. Ellos me miraron con recelo y sentencia.

Yo me sentía bello, elegante y tranquilo. Les sonreí a todos, cerré los ojos…

Y salí volando…

 

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