Íñigo Echevarría para WOMANWORD

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En ocasiones veo público.

Tras las bambalinas, tras los encajes, bajo las tablas y los miriñaques. Veo público en los balcones, en los vagones, en las calles y los andenes. En un paseo, en un paseillo, en un pasillo de biblioteca. En la Cineteca, en la Filmoteca, en el Matadero, en el Real, en el Alfil y en el Valle-Inclán. Público en Callao, en el Raval, en el Saler, en Larios o en el Canal. Público en pie, público a pie, público sentado, adormilado, senecto, joven, adulto y adolescentado. En ocasiones veo público. Y en ocasiones soy público.

El teatro puede ser un lugar, una acción, una pieza, una práctica y una entrada de diccionario. Ensayamos, repetimos, probamos, preparamos, testeamos… Actrices, actores, té[email protected], [email protected], [email protected], diseñ[email protected], [email protected], [email protected], escenó[email protected], [email protected], [email protected], vestuaristas y [email protected] Una maquinaria selecta, seleccionada, encontrada, atravesada o contratada, desde lo privado o desde lo público con un objetivo común: levantar el telón el día del estreno. Y el de la segunda función. Y el de la tercera. Y el de la número 1.000.

Subir el telón, subirse a un escenario, a una plataforma de comunicación en vivo y en directo, es una responsabilidad. De decir, de ser espejo, de calidad, de reflejo, de cuestión, de ocio y de reflexión. Con, por y para el público.

La cultura, dice la R. A. E., es: 1. Cultivo. 2. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. 3. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Los actores de la cultura, desde los escenarios, desde las plataformas de comunicación, desde las aulas, los diarios, los tubos de ensayo, las pantallas, los museos y los despachos, desde las redes sociales y los consejos escolares, desde las salas de conciertos y los parlamentos, desde ayer y desde hoy, tenemos la responsabilidad de generar la necesidad y la imprescindibilidad de las artes en la sociedad.

Tras muchos años de gira por grandes ciudades y ciudades chicas, por pueblos, aldeas y pedanías, aquí y allende los mares, en teatros o teatrucos, hasta la bandera o semivacíos encuentro un patrón común: cuando ofrecemos compromiso, rigor, seriedad, magia de verdad, reflejo social y calidad, el público quiere. Y quiere más.

La sociedad somos público y desde las instituciones privadas y públicas tenemos la obligación de construirnos en la calidad. En el momento en el que consigamos insertar esta necesidad en los mecanismos de la educación estaremos abonando un público crítico. Y un público crítico nos demandará siempre más y mejor. Demandémoslo. Desde y por el público.

Lo público depende del público y el público depende de que lo público, y lo privado, lo hagamos público.

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1 comentario

  1. espléndido comentario, Iñigo. Efectivamente, el público/lo público es lo que nos da vida y sensación de pertenencia. Lo que nos están «colocando» no es sino un esprimidor que centrifuga la sociedad a mayor gloria de los depredadores. Un abrazo. Aita

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