Transición

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Por Rocío Pastor Eugenio.

El Centro Dramático Nacional presenta en el Teatro María Guerrero de Madrid, la obra Transición, de Adolfo Plou y Julio Salvatierra, dirigida por Carlos Martín y Santiago Sánchez.

En una hora y 30 minutos, la intensidad social y la política bombardean los asientos de los espectadores en un porqué y porqué no incesante de preguntas mal respondidas, situaciones de difícil entendimiento y personajes que muchas veces no disciernen entre el bien, el bien común y el bien propio. De mensajes revolucionarios que cantaban a la esperanza y a un futuro libre y justo. Mensajes acallados, mensajes olvidados y pisoteados por un presente que vuelve la espalda a ese futuro que España una vez se atrevió a desear.

Así, un paciente llamado Adolfo llega un día al hospital. A partir de ahí, el universo teatral cambia por completo e inunda con imágenes de aquello llamado Transición y que a día de hoy, no termina de quedar muy claro, ni para los que la vivieron ni para los que vinieron detrás.

Necesitada la cultura española de obras que reflejen nuestro pasado y nuestra historia, Transición satiriza, ironiza y sobre todo, muestra, lo que supuso esa importante época en el presente y el destino de nuestro país.

Poco a poco, el enfermo va relatando acontecimientos acaecidos y experiencias personales a tal respecto, siempre en su convencimiento de que él fue, una vez, Presidente del Gobierno.

La reflexión y el humor, a veces negro, sobre todo visto con retrospectiva al encontrarse con las calles que pueblan hoy una España devastada; se entremezclan y elevan el tiempo y el espacio en busca de la humanidad perdida, los sueños rotos y una clara explicación de dónde estamos y por qué.

En las voces de Antonio Valero, Elvira Cuadrupani, José Luis Esteban, Balbino Lacosta, Álvaro Lavín, Carlos Lorenzo, Eva Martín y Eugenio Villota un tema casi nunca representado sale a la luz casi 40 años después, luchando por la perspectiva de un tema silenciado y que, como es habitual, dividió a España en dos, los que entendían la Transición como el pacto del olvido y aquellos que veían en ella una solución.

Así, la figura de Adolfo Suárez juega el papel del desmemoriado metafórico en la obra simbolizando a una España que olvida quién nombro a dedo al Rey, quien a su vez eligió al franquista Arias Navarro como presidente y tras la dimisión de éste por mostrarse contrario a las reformas, llego al poder Suárez, posteriormente electo por sufragio universal.

El espectáculo también muestra la transición de una sociedad vapuleada y hastiada, que cerró los ojos entre el miedo y el cansancio de los años anteriores.

De esta forma se presentan tres líneas claras de actuación, la de los hechos históricos, los medios de comunicación de la época y un debate abierto sobre el sentido que tuvo este periodo y hacía donde nos ha arrastrado.

Según las compañías, esta obra trata de demostrar por qué esto no tiene por qué ser así: “Creemos que el binomio individuo y sociedad, persona y Estado, configura una de las ecuaciones fundamentales del ser humano, uno de sus grandes temas. De ahí el interés de un período en el que toda una sociedad cambia, transformándose política, individual y culturalmente. Para entender cómo somos ahora tenemos que entender cómo fuimos.  Sabemos que entrar a valorar la Transición puede generar aún un encendido debate político. Sin embargo, creemos que el teatro que ha llegado a volar alto en el discurso de ideas, lo ha hecho siempre a través de la humanidad de sus personajes. Es a través de esa humanidad por donde se orienta nuestra búsqueda de la lógica, la razón o la justicia”.

Ellos mismos afirman que han querido huir del panfleto, de la biografía, del documental o de la obra de tesis: “preferimos sugerir, abrir interrogantes, despertar recuerdos desde el terreno de lo poético. Si la realidad se nos escapa, con el tiempo, sólo nos queda el relato de lo ocurrido. Pero, ¿las cosas fueron así o fueron de otra manera? Son preguntas que quedan abiertas”, reconocen.

Sin duda, un trabajo sincero que pretende lanzar preguntas necesarias sobre una Constitución anticuada, un proceso que no fue claro ni transparente y un sistema político que hoy luce desajustado, que pierde dinero y pone en entredicho la capacidad y la eficacia de nuestro país, un país valiente y luchador que debe dejar atrás todo ese circo de toros, amigos, fraudes, estafa consentida, pandereta y prostitución.

Un «ahora qué haces tú», sin respuesta. Por que con el olvido, jamás lograremos ser Seres Humanos: «Los recuerdos nos constituyen como Seres Humanos, sin ellos somos seres sin alma, vegetales perdidos en la nada…»

Como afirman en la obra: «Esta España que ya es la de todos, tiene que empezar a serlo en lo social, en lo económico y en lo cultural», en una nueva revolución que siente las bases reales de una verdadera Transición.

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