¿Baja?

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Las nueve de la mañana, el pelo revuelto, finjo una coleta, me miro al espejo, “las gafas ocultan las ojeras”, pienso estando segura de ello, un poco de color en los labios y el colacao bajando aún por la garganta y calentando el estómago.

Cierro la puerta, lo compruebo algo dormida aún y tarareando una copla, me gusta sentirme una Señora por la mañana, la dueña de mi casa y una sonrisa al fin se despierta entre mis labios.

Me giro, avanzo unos pasos y pulso el botón. Es la hora de coger el ascensor.

Viendo los números pasar reflexiono acerca de la posibilidad de bajar andando, la cual abandono rápidamente al pensar que hace frío y mis tobillos aún están trabajando en calentarse con las botas.

“¡Clin!”, el repiqueteo alegre de la campanita me devuelve al rellano a la par que las puertas metálicas se abren dando paso a una luz cegadora entre azulada y brillo solar que me conmueve, o eso creo ya que me lloran los ojos. Me subo o mejor expresado, entro en el ascensor.

Cuando las “ventanas del alma” se acostumbran a la iluminación artificial observo que a mi lado se alza cual mole, mi vecino del sexto. Oscuro, de tez grisácea y cabizbajo niega mi presencia con su silencio. Indignada alzo el mentón, sonrío al estilo del gato de Alicia in Wonderland, y decidida canturreo: “Buenos díaaaaaaaaaaaaaaaas”.

Silencio.

Consternada, giro sobre mis talones, segura de haber dicho en voz alta lo que pensaba. Por si acaso, repito mi acción, está vez, con algo más casual, me digo: “¿Qué tal?”.

No funciona.

Me encojo de hombros y veo los números pasar: 4…3… “Hace frío, ¿verdad? Es fetén oler a frío, luego en verano nos quejamos del calor, si es que no puede ser…”

No hay manera. Me ignora.

2…1… Le miro de reojo, por encima de las gafas en espera de alguna reacción humana que no llega… 0 y “¡Clin!”, el ascensor sí que sabe cómo dar la bienvenida a nuevos territorios.

“Que tenga un buen día”, digo sin esperanza alguna.

Para mi sorpresa su mutis se tansforma en una mirada desconsolada de una realidad que asfixia y cosifica, que apaga el alma y adormece la humanidad. De repente, mi vecino vuelve en sí ante mi deseo hacía el, fuerza una sonrisa que quiere sentir con todo su corazón, pero que demasiado cansado de la vida, no puede apenas fingir: “Muchas gracias”.

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2 comentarios

  1. flor silvestre on

    Que exigente eres!!!!…. A veces la gente se enfrasca en su interior y no ve lo que le rodea…pero un poco de educación nunca viene mal…igual era timido , no habia dormido o tenía una preocupación muy gorda.. Yo que sé.Pero tú siempre saluda, parezco tu madre….

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