Agonía y éxtasis de Steve Jobs

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Daniel Muriel se sube al escenario para poner contra las cuerdas a todos los asistentes con un virus que se propaga y que espero, con todo mi corazón que jamás pueda ser aplacado. Hablo de la conciencia y del ser, efectivamente, humanos.

Fotografía de/ por Rocío Pastor Eugenio.

Fotografía de/ por Rocío Pastor Eugenio.

Cuando representa la función, su gran talento comunicativo hace que el público se enganche a su historia desde el primer minuto. Seguro sobre el escenario, la interpretación gestual que demuestra adquiere su fuerza máxima cuando representa a otro personaje,  cualquiera de los que le acompañan a lo largo de su historia, en ese momento, él desaparece y otro personaje ocupa la escena.

Dos historias, un hecho, un mismo nombre un mismo creador como cabeza de turco ante una sociedad capitalista que se consume a sí misma y que aplasta ideologías y personas como medio de que otra parte del mundo pueda vivir sumida en el ritmo rutinario de neones y últimas tecnologías innecesarias y destructivas.

Apple es la empresa y Steve Jobs el empresario. Encumbrado por muchos como gran gurú que se hizo a sí mismo y cuyos juguetes simbolizan una clase social, un status y una posición social que todos desean tener aunque la mayoría no entiendan ni por ni para qué, comprando carísimos productos que ni quieren ni necesitan.

Dos caras de una misma moneda, Daniel Muriel se encarga de desenmascarar una verdad contada a medias, una verdad dicha por muchos, por otros sabida y por todos evitada.

Un hombre hipócrita, meticuloso, impresentable, insoportable, déspota y egoísta cuyo milimétrico sentido del orden obligaba a que en cada tienda el color fuese exacto y la limpieza impoluta llegando incluso a exportar piedra de Florencia para el suelo de sus empresas.

Tan concienzudo que parece imposible entender cómo vendiendo la perfección y el ideal de evitar vivir una sociedad contaminada a la cual él salvaría con sus productos otorgando la “libertad” contra la opresión y el control absoluto, venda, en realidad, productos realizados a mano, de forma artesanal, en los que cada pieza, cada paso es realizado en cadenas de montaje humanas de jornadas laborales de 15 horas en las que niños y niñas de 13 años son explotados.

China. Shenzhen. Foxconn. Hechos reales que evitamos recordar aquí, en el mundo de jaulas de oro en el que vivimos. Seres humanos reales, ciudades reales, problemas reales a los que se puede y se debe poner solución.

Éste monólogo de Mike Daisey versionado por Nacho Artime y dirgido por David Serrano, llega ahora a Madrid mediante la voz de Daniel Muria. La conciencia emana del teatro y busca receptores reales que transmitan la información, ya que apoyar este tipo de empresas y dejarse arrastrar por la globalización te convierte en cómplice. La distancia no es tanta, cuando te enfrentas a la mirada de otro ser humano que sufre y paga con su propia vida tu avaricia.

¿Exagero?

Los hechos son certeros y la demagogia demasiada.

Enciende tu mente.

Abre tus ojos y sé humano.

Más Información

Para la salida a venta del Iphone 5, los trabajadores de la empresa Foxconn trabajaron 34 horas reales, sin descanso, jornada tras la cual, un trabajador murió exhausto.

La empresa Foxconn asfixia y controla de tal forma a sus trabajadores, venidos a la ciudad en busca de un futuro mejor, que alcanza el límite más alto de suicidios, tanto, que han enrejado las ventanas y sus contratos incluyen la cláusula anti suicidios.

Éstas y otras anécdotas sobre la calidad de vida, laboraly sindical de los trabajadores de las multinacionales que comparten tu vida, en Agonía y éxtasis de Steve Jobs.

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