La Celestina de Gemma Cuervo

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Escribir sobre La Celestina, de Fernando de Rojas, se torna complicado tras siglos de crítica, redacciones y resúmenes. Hoy, sentada ante el ordenador y tras días repasando en mi cabeza el nuevo montaje de una obra cumbre en la literatura española, en mi cabeza sólo un nombre brilla en negrita y hasta aparece subrayado, es el de su protagonista: Gemma Cuervo.

Y es que la gran actriz de teatro que también se metiera en el bolsillo a los televidentes, ha vuelto a sus amadas tablas y lo hace con singular avidez. Gemma no interpreta.

Allí, en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, en una de las salas más glamurosas y confortables de la capital, sobre la escena creada con habilidad por David de Loaysa, bajo la dirección de Mariano de Paco Serrano y la versión de Eduardo Galán, Gemma Cuervo no interpreta a Celestina, Gemma deja de existir para transmutar en la propia Celestina.

Así, sus diálogos, a partes, monólogos, ataques de ira, risas, entradas, salidas, paradas, formas de caminar, respiraciones y hasta miradas no pertenecen ya a una actriz que recita un papel, no. Son las palpitaciones, las vivencias y la existencia de la propia Celestina para deleite de los espectadores que asistan al teatro

Impresionante y medida, su actuación deja boquiabierta a la sala. Junto a ella, el resto del reparto en su correctísimo saber hacer interpretan al ilusionado e ingenio Calisto, a la reina de la virtud, Melibea; a los mezquinos Sempronio y Pármeno; a las vividoras Elicia y Areúsa; y a la envidiosa Lucrecia.

El Teatro Clásico y su grandeza devuelven su saber y actualidad a los ciudadanos del presente. Enredo, comedia, drama y diálogos sin parangón que combinan el castellano culto y el refranero, muestran con graciejo y sin igual, la verdad de la vida, sus trapicheos, la picaresca, el amor, la virtud, la felicidad, la ruindad, el honor y la mezquindad mezcladas con grandilocuencia mediante personajes que reflejan consecuentes los diferentes puntos de vista de la vida humana.

“Lee historia, estudia a los filósofos y escucha a los poetas”, el reclamo a la razón se torna imprescindible.

Ante una sala abarrotada, la verdad se torna verso: “de los hombres es errar, alégrome que hayas limpiado las telas de tus ojos y respondido con ingenio”.

Un teatro hecho para entretener a la par que cultivar. La cultura heredada mediante el teatro, el tiempo y el ser humano.

Una corriente que se reclama y que vuelve para dar a éste tiempo de ignorancia, el valor que debe ser adquirido.

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1 comentario

  1. flor silvestre on

    me da rabia que escribas tan bien amiga womanword,permiteme la confianza, porque poco me dejas para comentar despues de tu excelente critica.solo una pregunta¿Gemma Cuervo, puedes dormir bien por las noches , sabiendo que eclipsas a todo el elenco ?ERES SENSACIONAL,OLE A TU MADUREZ, A TU MEMORIA, A TU CARRERA.

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