Nadie verá este video

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Por Rocío Pastor Eugenio. 

De Martin Crimp, traducida por Joan Sellent, dirigida por Carme Portaceli e interpretada por Gabriela Flores y Albert Pèrez, a quienes viésemos en la obra: Nuestra clase. Junto con Francesc Garrido, Maria Rodríguez, Martí Salvat y Diana Torné. Se estrena en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, en el Centro Dramático Nacional: Nadie verá este vídeo, en cartel hasta el domingo 14 de octubre de 2012.

Compartiendo el escenario en el que Agosto y El Inspector, cosecharon éxitos y buenas críticas, Nadie verá este vídeo presenta un montaje caótico, pausado, de diálogos internos, personajes devastados y situaciones en las que la rutina impuesta devora realidades.

Cabinas sucesivas, un gran paso de cebra, un sofá, una cama, sillas de plástico, una cámara y una carta de ajuste con sus burlones colores coronando el escenario.

Los intérpretes esperan al fondo de las tablas hasta que el rumor del gentío se apaga y sus personajes puedan ir cobrando vida y coronando la escena.

Teléfonos que ensordecen, tecnología que aliena, vicios que deshumanizan: compras, avaricia, alcohol, trabajo, sexo… conversaciones que se mantienen a través de cables de cobre, transporte y movimiento continuo, ciudades plagadas de sinsentido, el flujo diario, el capitalismo y su ritmo frenético, realidades de cartón piedra, felicidad hecha añicos y escondida tras el consumismo exacerbado.

Manipulación, ideales rotos, realidades ficticias, egocentrismo y necesidad de expresión como grito desesperado. Una crítica voraz, rítmica, que muestra la realidad tal cuál es, a través de vidas reales, desangeladas, que han olvidado lo que es el amor y el contacto real con otro ser humano.

La carencia de “tiempo”, de capacidad de concentración que crea vidas hipócritas que se arrastran, vacías y sinsentido hacen olvidar a sus ciudadanos cómo se dialoga, cómo se escucha. Corazones vacíos que buscan calor en desconocidos a quienes no importan nada, en espiral continua de autodestrucción y depresión justificable.

El movimiento continuo como excusa de la búsqueda de una felicidad que jamás llegará ya que no tiene más origen que su propio centro.

Así, se van creando diferentes retratos y fotografías sobre la escena bañada de silencios que explican entre líneas la realidad que los diálogos se esfuerzan por esconde: la pérdida de la realidad, el vacío, la soledad autoabastecida.

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1 comentario

  1. Los sentimientos que se describen en la crítica parecen muy cercanos a lo que se vive en la realidad, esa búsqueda interminable de la felicidad que parece que nunca llega. Creo que iré a verla, seguro que es muy significativa y muchos nos sentiremos representados en alguno de los personajes.

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