La vida crónica

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El XXIX Festival de Otoño en primavera llega a Madrid y el Teatro de la Abadía se ha puesto manos a la obra para, en coproducción con Nordisk Teaterlaboratorium y el Instituto Grotowski, presentar de manos de Odin Teatret, compañía que cuenta con más de 45 años de experiencia; y bajo la dirección de Eugenio Barba los textos de la propia compañía y de Úrsula Andkjaer Olsen conforman la globalidad de La vida crónica.

Se dice de esta pieza que es capaz de remover conciencias. La verdad es que en éste montaje el público asiste de primera mano a la catarsis que provoca el cercano apocalipsis. Años de guerra constante, el capitalismo, el cambio climático… todo forma parte de este gran plan de destrucción que nos aísla y nos debilita alejándonos de lo que es realmente natural y nos hace felices.

El ser humano desaparece en este montaje en el que sólo quedan fantasmas de lo que una vez fue. Violencia, creencias, la música como manera de expresión… Seres devastados, agotados, nerviosos que ya no saben vivir. Seres humanos convertidos en parias compulsivos y destrozados.

Los actores que representan la escena provienen de diferentes países y culturas, lo que dota de internacionalización toda la puesta en escena y la energía que crea la misma. El texto se reproduce en castellano, vasco, rumano, danés, checheno, sin subtítulos. Lo más sorprendente es que estos se tornan innecesarios pues es tal el dolor expresado que la acción se entiende sin necesidad de mayor explicación.

La política, el fanatismo y la civilización como piezas clave a desentrañar. Se trata del Tercer Teatro, en el que el estudio antropológico dará de sí una mirada ante el espejo que hemos creado en el que la pérdida de la normalidad, de la felicidad y del amor es lo que nos espera.

Su director dice que con éste montaje de una hora de duración y no recomendado para menores de 12 años, ha pretendido que el individuo se libere «del abrazo helado de la historia». Por ello, la acción se presenta brutal, desencadenada, acompasada, sarcástica y difícil. Muestra sin dudarlo, el futuro desolador y surrealista que nos espera si no cambiamos el curso de la vida a la que nos abocamos: la pérdida total de la paz y la humanidad.

Un espectáculo diferente, complicado y atrevido.

Mención Especial

La obra ha sido dedicada a Anna Politkovskaya y a Natalia Estemirova, dos escritoras rusas defensoras de los derechos humanos y asesinadas por sicarios al oponerse abiertamente a la guerra de Chechenia.

Comenta el director que si todo sigue como hasta ahora, la ignorancia será la única forma de salvación.

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