La piel en llamas

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Por Rocío Pastor Eugenio.

Cuando el teatro hace reflexionar el ser humano se enfrenta a su propio espejo.

Este es el primer pensamiento que cruza mi mente cuando salgo del Teatro María Guerrero . Acabo de ver La piel en llamas, de Guillem Clua, dirigida por un concienciado José Luis Arellano, para quien el Teatro debe llevar un mensaje implícito que impregne de compromiso y conciencia la sala.

Y vaya si lo consigue… Para poder lograr llegar a hacer posible el desarrollo de la obra, los actores deben desnudarse y enfrentarse a su propia moral para encarnar a estos personajes, tan deteriorados, destruidos y deshumanizados que, a pesar de todo, siguen creyendo en lo humano, aunque sea desde los mismos vicios y miedos que les han condenado.

La guerra como excusa para acabar con la belleza. El espacio atemporal y localizado en cualquier rincón del planeta. Con esta obra se pretende hacer abrir los ojos al espectador dormido que vive la realidad como una ficción lejana.

En una habitación de hotel, desolada, árida y destruida se llevan a cabo, de manera simultánea y paralela, dos acciones diferentes entrelazadas entre sí por el mismo dilema basado en la necesidad, la esperanza y la avaricia. El frío inunda la sala y una alarma salta dentro del pecho de cada espectador: es su conciencia.

Los vicios versus las virtudes en esta guerra de palabras, de acciones y de almas vencidas. Víctimas versus verdugos y la mirada impasible de una sociedad acostumbrada al caos que aleja de sí la realidad de un igual. La política y la economía de la mano creando poderosos sobre los vencidos, haciendo estragos y marcando diferencias.

La guerra, una cualquiera, ha devastado al país y a sus gentes. La corrupción, la muerte y la necesidad se extienden y arrasan por doquier, mientras Occidente se nutre y se fortalece gracias a las desgracias ajenas.

De esto habla La piel en llamas, de una pregunta cuya respuesta acuchilla mientras sus personajes, coherentes e interpretados de manera comprometida, cruda y sincera por José Luis Alcobendas, Helena Castañeda, Chani Martín y Marina Seresesky, luchan por defender una acción sin pelos en la lengua que acerca hasta el salón de nuestra sociedad la verdad que vivimos, sin permitir pasar la página ni mirar hacia otro lado.

Un teatro necesario que transporta un mensaje claro y conciso. Una propuesta orginal y un montaje completo que permiten que hoy se siga luchando por la cultura y el pensamiento crítico ante la pasividad y el egoísmo que asola nuestras calles.

Sin duda, una obra NECESARIA que lucha por crear una realidad diferente que une pasado y presente en busca de un futuro en el que la esperanza y la igualdad se alcance mediante el conocimiento y la lucha ante la inmunidad ante el dolor ajeno.

Un círculo perfecto que vuelve sobre sí mismo y nos enfrenta, de forma humana, ante el espejo para evitar que volvamos a cerrar los ojos.

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2 comentarios

  1. Siempre sigo tus recomendaciones y voy a todas las que puedo. Fui a esta, sali llorando, estremecida. Es grandiosa.

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