Roberto Verino para WOMANWORD

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Por Roberto Verino, diseñador de Moda.

Muchas veces, a lo largo de mis casi treinta años de profesión en la moda, me han hecho la misma pregunta o, para ser más exactos, las mismas preguntas. Es verdad que cada situación, cada temporada e incluso cada medio, me ha obligado a responder de una manera diferente, pero a lo largo de todos esos años, de todas esas preguntas y de todas esas respuestas, se ha ido formando una especie de “perfil” Roberto Verino. Soy lo que he respondido, probablemente, porque soy lo que me han preguntado… No es un juego de palabras, no. El periodista no pregunta cualquier cosa, sabe lo que pregunta,  porque sabe lo que le interesa del personaje, y yo no respondo cualquier cosa, respondo lo que sé que se espera de mí… Pero  algunas veces también me atrevo a responder lo que no se espera de mí… Y soy consciente de que Roberto Verino son los dos, el previsible y el imprevisible, aunque también es verdad, que el previsible lo suele ser hasta en un noventa por ciento y el imprevisible en sólo un diez por ciento. No me gusta jugar a epater le bourgeoisie más que lo estrictamente necesario. Ya sé que el escándalo es un buen aliciente publicitario, pero me gusta ganarme la fama sin recurrir al escándalo fácil y gratuito.

Muchas veces me han preguntado cuándo empezó mi interés por la moda. La respuesta también me la habrán oído muchas veces. Hace muchos años. Estaba estudiando en Orense para aquello que iba a ser mi profesión y, de pronto, tomé una decisión que cambió para siempre los caminos de mi vida, le pedí a mis padres que me dejasen irme a París a estudiar Bellas Artes. Y allí, en una década maravillosa para la moda, los últimos años 60, descubrí que todavía más que pintar, lo que a mí me gustaba era diseñar trajes para las mujeres. Todo fue “coser y cantar”, aunque para qué vamos a engañarnos, también hubo muchos momentos de “coser y llorar”. Ahora, con el paso del tiempo, creo que acerté. No podría haber sido tan feliz como lo he sido aquí haciendo ninguna otra cosa.

Otra pregunta que me repiten con frecuencia es cuál es mi lugar de trabajo. Y mi respuesta es de esas que sorprenden, porque trabajo en cualquier lugar en el que estoy, en cualquiera. Obviamente donde más horas paso es en el despacho de nuestra sede, en el Centro Tecnológico de Galicia, pero también lo hago en un avión, en el coche, en mi casa e incluso, en esas ciudades donde tengo que ir por motivos de trabajo. A veces me asusto. Me he llegado a sorprender trabajando en vacaciones. Para mi familia, incluso para muchos de mis amigos es un defecto, que quizás tenga una explicación muy fácil, me encanta mi trabajo. Y aunque pueda parecer un poco políticamente incorrecto reconoceré aquí, ahora que no nos lee nadie, que como mejor me lo paso en mi vida es trabajando.

Otra pregunta deliciosamente inevitable es en qué encuentro la inspiración. Mi respuesta ya es un “clásico”… Para mí la inspiración empieza por una buena elección del tejido. Si el tejido está bien comprado, esa misma elección ya establece las primeras líneas de la idolatrada creatividad. Luego está el lenguaje de la calle. Nunca me cansare de reconocerlo. Saber que los escaparates no pueden olvidar las verdaderas necesidades de la gente real, de esas personas de carne y hueso que, de verdad, se paran a mirar sorprendidas o entusiasmadas un escaparate donde esta escrito tu nombre. Si no te interesa ver esa enorme fuente de creatividad estas ciego… Después está la fidelidad a tu propio estilo, algo que aunque parezca una boutade inspira mucho… y si no que se lo digan a Chanel, a Yves Saint Laurent o a Prada. Y cuando todo esto no es suficiente, siempre “nos quedará Hollywood”. ¡Esto no es una broma!. El cine es, fue y será por mucho tiempo, nuestra mejor fuente de mitos, es decir, de imágenes seductoras, de elemento inagotable de inspiración.

Tampoco ha faltado quien me ponga en la tesitura de definirme entre lo clásico y lo moderno, incluso recurriendo a la pregunta envenenada: “Dicen que hoy en día “lo moderno es ser clásico”. ¿Por qué apuesto? Respondo que siempre ha existido esa paradoja… que ya Oscar Wilde advertía con su proverbial ironía que el gran riesgo de empeñarse en ser muy moderno era que uno se pasaba enseguida de moda… Como ve, la advertencia ha cumplido intacta sus primeros cien años. Confieso que me gusta ser moderno, pero intento tener mucho cuidado para no caer en lo estrafalario. Algo que algunas veces se confunde absurdamente con moderno. Lo clásico tiene una ventaja, siempre vuelve desde nuestra memoria. Si eres moderno intentando convertirte en un clásico, el éxito suele acariciarte más de una vez. Lo importante es que tu aspiración a ser clásico no olvide el momento en el que estás diseñando. El título de “clásico” lo otorga el público, él es el que en última instancia sigue poniéndose con gusto una prenda tuya cuando ya han pasado muchos años por ella.

Cómo olvidarse de esa otra pregunta que en nuestros días parece tan reiterativa como obligada: «¿Ha llegado la crisis económica al mundo de la moda?» Insistiendo, como si eso no fuese poco, en los más íntimos detalles. ¿En qué medida?. Por más ganas que tengas de disimular, de pasar página o de aplicar el refrán que recomienda “al mal tiempo buena cara”, cómo renunciar a reconocer que, por supuesto, ha llegado. Explicar con la paciencia de Confucio que primero, porque en situaciones de crisis, el consumo se contrae. Luego porque la competencia se agudiza y, finalmente, porque si la crisis persiste, el miedo consigue paralizarte… Es verdad que siempre hay minorías privilegiadas que, precisamente en tiempos de crisis, ganan más o se gastan más que el resto de los mortales, pero si hablamos de esa inmensa minoría que constituye nuestro consumidor ideal, la crisis no es el mejor escenario para pensar en moda. De hecho la inmensa mayoría de los profesionales que nos dedicamos a ella, estamos deseando que esta profunda crisis comience a desaparecer de nuestros telediarios. Si lo hace pronto mejor, y si tarda mucho, combatamos el desaliento precisamente con el atractivo irrenunciable de la moda. Soñemos frente a los escaparates como soñamos sentados en la butacas viendo nuestra película favorita, entre las hojas de nuestro libro más querido o incluso, creyendo por enésima vez que ésta, nuestro equipo de fútbol derrotará por fin al gran rival.

No ha faltado quien me haya preguntado cómo logré ocupar un puesto importante dentro de la moda española. La respuesta más humilde que he sabido dar es ésta, trabajando… Y la respuesta más vanidosa con la que podría sorprenderles es esta otra, seduciendo a muchas consumidoras… A muchas mujeres y a muchos hombres. Una mezcla proporcionada de esas dos cosas, vamos a llamarles esfuerzo y talento, han producido el resultado. Sé perfectamente que sólo trabajando no se llega… Y que el genio que se duerme, la corriente se lo lleva. Así que insisto, mi fórmula mágica deber haber sido ésta: Roberto Verino es algún talento puesto a trabajar mucho… 

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