No olviden: La tierra brama llenando el cielo de ceniza

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El mundo humano no está preparado para los arrebatos terrestres. La madre tierra se enfada y lo demuestra colapsando nuestro entramado sistema civilizado.

El pasado jueves el volcán Eyjafjalla, bautizado por los medios como el “innombrable”, estalló en estrepitosa erupción sobre Islandia causando una nube de ceniza que ha estrangulado el espacio aéreo internacional.

El quejido imprevisto de la tierra ha causado que de los 24 mil vuelos previstos diariamente solo salgan cuatro mil, lo que crea pérdidas importantes para los aeropuertos.

Algunas compañías realizaron partidas de reconocimiento para identificar la gravedad de la situación desde el aire creando una grave polémica contra otras compañías que no están volando debido a la prohibición realizada.

El ser humano, absorto, no prestaba atención y tan sólo respiraba satisfecho cuando pasado el temporal llegó la calma y la vida “normal” se recuperó.

El ser humano no se pregunta por qué ha sucedido ni qué hacer para evitarlo, tan sólo se regodea en las pérdidas económicas ocasionadas por la fuerza mayor. Su única preocupación es cómo recuperarlas cuánto antes y su principal foco de atención se centra sobre cómo evitar que las infraestructuras sufran de catastrófica manera la próxima vez.

Si analizamos los medios, reflejo de la sociedad, ninguno se preguntó el por qué de la erupción, todos los medios concentran sus atenciones contra el mal económico que está provocando para el espacio aéreo y para el resto de la interconectada economía internacional.

La tierra brama, se retuerce, se queja, chilla y estalla bajo nuestros pies, bajo nuestras ciegas miradas. La tierra ruge y se levanta en protesta contra el daño que la producimos mientras nosotros, absortos en principios que resultan finales debido a la enfermedad terminal que los atesta, la ignoramos.

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