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México Legado Maya: Chichén Itzá, Tulum y Cobá

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La cultura maya atrae por su misterio y conocimiento de las astronomía, de las matemáticas y su pasión por la religión y los sacrificios.

“Malok kin”, significa: Buenos días o literalmente, saludos al sol, como en yoga, pero en Maya. Deidades como padres y madres de la naturaleza y símbolos animales que representan protección y justicia.

Los mayas vivieron de Asia a través de un camino natural en la era glaciar  cruzando el estrecho de Berin hasta América. El pas del tiempo y la vida que transcurre dio paso al desarrollo de sus civilizaciones, desde los Olmecas, los primeros en crear la agricultura y dar los primeros pasos en astronomía, hasta influenciar por completo al resto de culturas: Mayas, Toltecas y Aztecas.

Tres periodos determinan ésta cultura: El pre-clásico, donde desarrollaron las primeras villas, el comienzo de la religión y la base de su alimentación: El maíz. Después, en el periodo clásico, también conocido como de esplendor, se dio paso a la cultura mediante la escritura, la creación de libros, el desarrollo total de su religión y la agricultura se establece como forma de vida. Comienza la arquitectura elaborada y la construcción de las ciudades mayas.

En el periodo post-clásico llega el declive. Dejan de lado la escritura y se centran en sobrevivir en pequeños pueblos, las ciudades entran en ruina, abandonadas, devoradas por la selva cuando llegan los colonos y ponen fina  una civilización al completo.

Los Mayas desarrollaron la astronomía y las matemáticas creando el calendario más exacto del mundo. Fueron una de las tres culturas en la creación de papel a través del ficus dando vida al papel amate, hecho de su corteza.

Cultivados, escribían sus descubrimientos, uno a uno, de hecho, la escritura maya, jeroglífica ha sido indescifrable hasta hace algunos años.

Sin duda, el legado que encontramos en la península de Yucatán ilumina al mundo. No es de extrañar que Chichén Itzá, sea hoy, una de las siete maravillas del mundo moderno.

Es bonito saber, que los mayas ponían a sus hijos el nombre de las estrellas que regían el día de su nacimiento y cada letra otorgaba un valor al nombre. Por ejemplo, la letra C representa providencia, fuerza, agua y lluvia. La P como escudo que protege a los demás; la R escudo protector y lucha y la O, “osh”, entre otras, inteligencia.

Pero además de las estrellas, para ellos las piedras tenían un poder ganador, de protección y mágico.

La oxidiana, es una piedra volcánica utilizada en los sacrificios, eran sus cuchillos. El jade, por su parte, aportaba energía y protección. Sus piedras les acercaban a sus dioses formando parte de un todo, formando parte de la naturaleza salvaje en la que vivían.

Xinchén Iztá: Una de las siete maravillas de mundo moderno, declarada como Patrimonio de la Humanidad

Chi chén itz á se compone de cuatro palabras:

Ich ojos

Ni nariz

Chi boca

Su traducción sería: “En la boca del pozo de los brujos del agua”, ésos eran los itzaes.

Con dos épocas diferenciadas de construcción, en el 400 y el año 1000 precolombino, los mayas crearon una ciudad completa, un lugar de energías desde el que observar el cielo mediante el reflejo del agua y encomendarse a él con 365 escalones y cuatro puntos cardinales, donde la sombra creada por la luz daba paso a la creencia de que los dioses venían dos veces al año a saludar a sus fieles.

Aldeas y construcciones cerca del cenote que proveía de agua al pueblo. El caracol, su observatorio; su enorme santuario con entrada al inframundo desde la cuál volver siendo mejor persona; su amplia cancha de balón pie rodeada de grabados donde la tradición se revela en sacrificios, templos de sacrificios y muestra de su fuerza y amor a la deidad devolviendo a los hijos que portan su sangre a sus padres; pirámides como monumentos funerarios y, por supuesto, su templo sagrado, pirámide custodiada por las serpientes.

Tulum: Tierra de cienagas.

Una ciudad en piedra conservada en su perfección más sutil. La ciudad de la ciencia maya, último vestigio, sobre el mar azul, hoy reserva de tortugas marinas que desovan en su arena.

La cultura echa forma de vida: universidades, museos, bibliotecas, lugares de culto y oración… esto es Tulum. Sesenta metros cuadrados de un precioso escenario creado en 1250 y habitado hasta 1475, siendo un importante puerto comercial en su época.

Cientos de iguanas, protectoras enviadas por los dioses, según su cultura, guardan los templos que bajo la sombra del árbol de la Ceiba, el Yaasche honran con sus ritos las tradiciones pasadas. Éste árbol, sagrado, venera a los dioses con sus ramas, honra al ser humano con su tronco, símbolo del cuerpo y, bajo la tierra, sus raíces ancladas al suelo, representan los tres niveles de existencia: Cielo, tierra e inframundo. Éste último, lugar donde iban a meditar para volver siendo mejores personas.

 

Cobá

Entramos en la zona rural de México donde habitan los descendientes de los mayas y donde el maíz se adora como al oro, hijos descendientes creados a través de muñecos de maíz dotados con la sangre de los dioses que les dieron vida. Humanos semi dioses bajo la cultura maya y la honra a sus antepasados divinos contemplada en éste yacimiento arqueológico precolombino conocido como: “Agua Turbia” o “‘agua de las chachalacas’, rodeado de selva y lagos en sus 70 km cuadrados de extensión.

Ruinas de piedra han podido ser salvadas de lo oculto de la selva. Ruinas de piedra conforman una ciudad entre la humedad y el verde salvaje. Bajo el calor tropical, el sudor se condensa y cae en gotas firmes que recorren espalda y piernas. Instalados junto a un cenote de agua dulce, los mayas asentaron su ciudad en el corazón de la selva, entre árboles, desarrollando sus edificios populares, más allá de la aldea, donde practicar sus ritos y su juego de pelota, éstos subiendo en vertical por paredes inclinadas hasta colar el balón por un agujero de piedra ayudados por palos. Ganadores, vencedores y una deidad agradecida.

En la cumbre de su pirámide, cuatro caras sitúan el mundo, piedra sobre piedra, contemplación astronómica y un sabio que se alzaba bajo las estrellas a 42 metros de altura, separado del resto de los mortales por 120 escalones.

Una puerta lo suficientemente bajita para hacer que el humano se incline antes de entrar en el lugar sagrado, alucinógenos y una noche en soledad para ser uno con el universo.

Sobre la cima, mirar en rededor mueve algo por dentro. El silencio interior brama, a pesar de los turistas. Algo converge y tiene sentido, mientras más allá, la línea de horizonte curvo se descubre azulada. Sentada sobre rocas centenarias, con la vista el lontananza, me siento pequeña e invencible. Cargada de luz, poseedora de las sombras en espera del solsticio.

Pueblos y restos mayas

Entre otros, como el azul o el edén, el Cenote Ik Kil, abre su orificio en mitad de la tierra. Pozo de agua dulce que a día de hoy sigue abasteciendo la zona, permite el baño que refresca de las altas temperaturas tropicales, mientras en sus profundidades, la oscuridad da paso a las entrañas del mundo.

Junto a éste, diversos pueblos en los que parar, a los lados de la carretera, nos darán una perspectiva real del legado maya, su idioma y la cultura artesanal de sus descendientes y sus formas de vida en pleno Siglo XXI. Conduce e investiga, no tengas miedo y descubre por ti mismo. Eso es viajar y no hacer turismo.

¿Quieres aprender más palabras en Maya?

Malok: Bien o bueno

in kava Rocío: Me llamo Rocío

Yan: Sí

Na: No

Bosh: Negro

Kan: Amarillo

Yas: Verde

Yak: Rojo

Yun botik: Gracias (a dios) (que dios te lo pague)

Tin bin: Adiós

 

Bol: Cabeza

Inyacumech: Te amo

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