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Jamaica: Volar camino a Seven Miles

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Jamaica: Volar camino a Seven Miles

Cuando cogí el avión de Evelop en dirección Madrid – Montego Bay, en Jamaica, supe a ciencia cierta que, aprovechando el especial emplazamiento de mi resort en Negril, el espectacular Riu Negril, mi primera parada para superar el Jet Lag sería la considerada como una de las mejores playas del mundo, la maravillosa Seven Miles.

Arena blanca, aguas turquesas, tortugas marinas, tiburones, manta rayas, estrellas de mar, liebres de mar, peces de colores, árboles que bajan hasta el agua para refrescarse, casetas de madera y colores con artesanía local, grandes resorts cercanos, acantilados de coral negros y uno de los mejores atardeceres de la isla cuando baja el sol y el cielo y el agua parecen no distinguirse entre los tonos rosa y el dorado.

Desde la tranquilidad de esta playa, me siento a estudiar la historia de Jamaica, quien bajo el lema Out of Many, One People, encontró su independencia en 1962 aunque aún hoy sigue regentada por la mismísima reina de Inglaterra impositiva en sus costumbres a pesar del clima y la realidad.

Antigua colonia española, los ingleses convirtieron después la isla de Xaymaca, como la llamaban sus habitantes antes de las colonias, los indios taínos y arahuacos, después extintos, en un recodo esclavista que no halló la libertad hasta 1834.

Como en Azores, Jamaica, con reminiscencia británica, además del intento de mantener a ralla los jardines en plena jungla, se divide en parroquias.

Con 240 kilómetros de largo y 80 de ancho, dos grandes iconos representan la isla con orgullo: Bob Marley y Usain Bolt.

A pesar de su clima tropical y las grandes lluvias, Jamaica es agradable gracias a las altas montañas que alejan los huracanes de sus costas.

Como datos curiosos, la isla cuenta con la iguana como animal terrestre más grande y con el récord de ser el país cristiano con más iglesias por milla cuadrada de mundo y su cultura es rica, mestiza y abundante gracias a los diferentes pueblos que han habitado sus tierras: africanos, españoles, ingleses, indios y también hindúes y asiáticos, así, tanto su cocina como su música han evolucionado hacia nuevas notas interesantes y atractivas de mezcla global.

De su mezcla, de la necesidad de libertad, de la necesidad de expresión, nacen los rastas buscando una cultura que les sea propia, una religión y una voz que abogue por la tierra, la naturaleza y la creencia de que Dios está en cada persona, en su interior y por ello deben respetarse y respetar a los demás. I&I, one people, one love y la marihuana, regalo de la tierra utilizada como forma de meditación, nunca ocio, para ser uno con el universo. Su amor por la tierra es tal que no comen nada que tenga ojos honrando a las personas y a la riqueza de la naturaleza.

El reggae, por su parte, nace del pueblo como música de protesta y condena

Tras la lectura, el aprendizaje y el baño, nada mejor para terminar la jornada que coger un taxi local camino al Rick’s Café, ver atardecer, saltar desde los acantilados, beber una cerveza de jengibre y bailar al ritmo del reggae y movimientos africanos.

Jamaica se vive desde la realidad de sus calles y la mirada sincera que fluye en one and one.

Respect!

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