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Puerto Rico: Ponce

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Subimos por la ruta del tabaco y de ron atravesando las verdes montañas y los pueblos cafetaleros del valle sintiendo en cada paso la influencia y la mezcla del ADN de una tierra indígena, crecida entre la España colonial y los esclavos africanos.

La flor de maga, la flor de Puerto Rico y su árbol, el flamboyán, el árbol del fuego, traído de Madagascar en esta isla que recibe influencias globales.

Seguimos serpenteando la carretera, dejando atrás la Hacienda Buena Vista que veíamos en el reportaje anterior en WOMANWORD, visitamos la ciudad en la que ésta situada en el condado de Ponce.

Esta preciosa y pequeña ciudad, se nutre del aire del bosque y de los cultivos agrícolas, el turismo es menor aquí que en el viejo San Juan y por ello, sus gentes, auténticas, reflejan sus vidas criollas más alejadas de la gran ciudad.

Reconocido por sus preciosas casas señoriales, Ponce, que adquiere el nombre de su colonizador, fuesen su día la cuna de la isla.

Hoy, punto de visita obligada, decora las calles condes aire a Nueva Orleans, reconstruyendo su historia de entre las cenizas causadas por los estragos de la pintura colorida y la madera, hoy,  sus suburbios coloridos alegran la carretera.

Ponce alberga el primer parque de bomberos de todo el Caribe, inaugurado en 1883 y he de decir que jamás, jamás, había visto algo parecido. De rayas rojas y negras, es una mezcla entre el estilo colono y la mejor imaginería de Tim Burton en el universo de BeetleJuice. Una maravilla en cuyo interior, bailo la salsa cantando “En mi viejo San Juan”, con el Paul Newman portorriqueño.

Para comer, a la sombra de un jardín escondido entre los edificios, taquitos de pescado y limonada bien fría.

Frente a Ponce, en el mar, la isla de Caja de Muertos, es conocida por la piratería, se dice que la isla está cargada de tesoros y las aguas de sus ríos llenas de pepitas de oro, aunque no minas, para no destrozar el bello entorno que les abraza. En la época dorada, los corsarios se afincaban en esta zona para proteger la ciudad.

La destilería Don Q (Don Quijote), otra muestra de la influencia española en la isla, abre sus puertas en Ponce, al igual que el parque ceremonial indígena: Tibej, orientado al equinoccio y al solsticio, con más de 1200 años de antigüedad.

Los indígenas vivían cerca de los ríos para bajar al mar y cruzar a otras islas en sus canoas y tablas.

Mientras proseguimos el viaje atravesando carreteras, sigo sorprendiéndome con las tradiciones de la isla. Aquí, la navidad se extiende hasta febrero uniendo Reyes con las octavas y después con las octavitas terminando con la fiesta de San Sebastián llegando a carnaval.

Las playas de Ponce que miran al Mar Caribe, se bañan de arena volcánica. Se dice que es debido a un volcán submarino y que por eso, las montañas se encuentran en el centro de la isla.

Seguimos caminando, recorriendo e impregnándonos de sus expresiones como: “Va mojoneando” (muy lento), descubriendo las casas de envejecientes (residencias de ancianos) y convirtiendo nuestro acento en un perfecto spanghlish.

See you mañana, “amiguitos”.

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