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Ámsterdam: Llegada y día uno

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Hoy comienza la serie de vídeos y reportajes sobre los 4 maravillosos días que pasé en la ciudad de Ámsterdam. Un viaje organizado en menos de una semana y en el que me han acompañado los mejores servicios y personas de la ciudad: Restaurantes, Museos, la maravillosa organización de Turismo de Holanda y Amsterdam City con la llave de la ciudad: La tarjeta roja I AMsterdam City Card.

Como centro de operaciones, el maravilloso INK Hotel MGallery by Sofitel del grupo ACCOR Hoteles situado en el centro de la ciudad, entre la preciosa estación de tren y la Dam Place, perfecto para recorrer andando cada minuto de cada hora por estas estrechas callecitas y sus amplias plazas.

Llegué de noche, cogiendo un tren directo desde Schipol hasta Amsterdam Centraal. Me calé el gorro de lana y arrastrando mi maleta azul, fui riéndome sola disfrutando del maravilloso festival de luces que en los meses de invierno decora la ciudad: Edificios iluminados, esculturas lumínicas que recorren el río y ruidosos tranvías que recorren la ciudad.

El primer impacto, la lucha por huir del atropello de las consentidas y numerosas bicicletas que recorren la ciudad. Con mi nuevo Huawei en mano y grabando las primeras experiencias.

Bajando la calle y aspirando el verde aroma que recorre las calles a cualquier hora del día, llego a mi precioso hotel. Decorado a la perfección para una periodista de plumilla y vieja escuela como la menda, sus letras de imprenta, sus tonos ocres y su mesa de oficios como recepción abierta al bar del hotel me deja tan encantada como el árbol que atraviesa el techo de cristal haciéndome seguir su tronco hasta las preciosas letras que coronan el tejado del mismo sobre el jardín de luces y cómodos sofás de la entrada: “Where stories are yet to be written”, así comienza mi aventura.

Tras ofrecerme agua de cítricos, el amable recepcionista y su rubia melena, me acompañan hasta mi habitación en la sección de “periodistas”. Orgullosa, abro la puerta y descubro una habitación iluminada con escaleras y abierta en todas sus estancias.

La pared frontal, una pizarrra en la que el plano de la ciudad al completo ha sido dibujado para que empiece a situarme y a soñar las aventuras que están por venir, en el salón, botella de vino, chocolates y las típicas stroopwaffels holandesas como bienvenida.

Más allá, frente a la ventana que ocupa todo el lateral de la habitación saludando a la ciudad y sus tranvías, un amplio escritorio que alberga docenas de bolígrafos, bloc de notas, revistas y máquinas de escribir.

Un teléfono vintage, una cama kingsize con tipografías escogidas en mensajes que invitan a dormir y más chocolatinas en forma de corazones rojos por doquier.

Al otro lado, una cristalera y un espejo que me dejan ver el baño frente a mí teniendo de un sólo vistazo, la habitación al completo. Ducha de lluvia, baño, armarios y esos cómodos albornoces gigantes con zapatillas a juego. Copa de vino en una mano y chocolate en la otra, a penas puedo dormir mientras ojeo ávida el plano que se cierne frente a mí.

Dan las ocho de la mañana y mucho antes ya estaba despierta y vestida bajando a desayunar al precioso restaurante, también abierto, donde los cocineros planean el menú de la mañana frente a mis curiosos ojos. Comida eco y comida producida en el propio país, me pongo las botas y con la barriga llena, salgo en dirección a las oficinas de IAMSterdam en busca de la llave de oro que me permitirá visitar museos y coger tranvías como una holandesa más.

Dentro de la estación, remodelada mirando al otro lado de la ciudad que descubriremos más adelante, la oficina se abre en cristalera y junto a mi tarjeta roja, varios planos, horarios y actividades llegan a mis manos.

Salgo exultante, paraguas en mano bajo el cielo gris para recorrer, a pesar del frío del invierno, una ciudad siempre encantadora.

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