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Azores: Ponta Delgada

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En la isla de San Miguel, en Azores, la capital, Ponta Delgada, vibra más allá del vulcanismo secundario, cargada de vida y complejidad tranquila.

Pasear por sus calles es un caminar en el tiempo. Cestas de mimbre, mercados que venden a gritos manteniendo sus precios en pizarras y tiza. Grandes cestas de verduras cultivadas en su propia tierra, con nombres y apellidos, la carne y sus productores. Piñas, maracuyá, azafrán, grandes sandías, quesos, miel, flores de mil colores, pescado fresco de todos los colores y tamaños desorbitados, gallinas ponederas y maíz, mucho maíz.

Productos de la tierra como las piñas, cultivadas a escasos kilómetros de la capital, dejan ver una vida tranquila de agricultura y regulada por el sol. Piñas bebés que crecen tranquilas entre blancos muros, licor de piña, mayonesa de piña, mucha vitamina y paciencia ya que cada piña necesita 24 meses de maduración.

Y de vuelta en el pueblo de casa de azul cercano, de azul cielo, de azul cian, de azules y blancos, de luz, amarillos y mint, de casas bajas y señoras que saludan desde la ventana. Sonrisas escondidas de una población acostumbrada a sufrir y a esperar la sacudida de la tierra, pero que gustan de saludar amables, sonrisa perenne, a quienes vienen con respeto a amar su tierra. Tierra hostil, tierra verde, tierra brava, mar y tierra, así es Azores, amor y vida.

Una parada obligatoria en sus fiestas regionales, como las del Espíritu Santo, donde aún la tradición se deja sentir y la diferencia de clases acentúa la historia de una isla desarrollada por terratenientes que vinieron a poseer, cultivar y exportar. Una pirámide acentuada entre trabajadores y aristócratas, esos que convirtieron la isla a la manera británica intentando contener su grandeza en jardines controlados.

En estas fiestas, la plaza principal, ésa que ganó terreno al mar, cerca del fuerte Braç, que vigilaba a los piratas, se llena de mesas comunales donde servir la sopa que los más ricos ofrecían al pueblo una vez al año. Hoy, convertida en un encuentro global, llena la plaza de luz y el Convento se transforma ruidoso reducto a pesar de los siseos de los fieles que arrodillados extienden sus brazos entre los barrotes que les separan de sus ídolos.

Siguiendo la ruta, de museo en museo, como el de Carlos Machado, tomar algo típico de la isla es una obligación, así, acompañamos el pan dulce de Furnas con el Kima de Maracuyá o la cerveza de Melo Abreu, fábrica isleña en funcionamiento desde 1893.

Y es que la historia de Azores es reciente y no se conoce de ella hasta 1427, tras haber sido colonizada por unas cabras y atemorizados cristianos que veían al demonio en sus tierras negras, lagos verdes y fumarolas. Es por esto, que hay tantas, tantísimas iglesias y hermitas en Azores y la fé cristiana abunda entre su población, no sólo el miedo a los monstruos les hacía arrodillarse a rezar, sino que los movimientos de tierra constantes y los estallidos de su volcán les hacían refugiarse en la esperanza de un Dios que les salvase de las inclemencias terrestres.

Pasear por el vergel del jardín de Antonio Borges y su estilo romántico inglés, como la isla al completo, incluidas sus carreteras de coloridas hortensias y poder contarlo en directo en Instagram por que la mayor parte de sus plazas, jardines y parques tienen WiFi.

Símbolos marineros en sus fachadas, “manuelinos”, y gárgolas con atributos masculinos como rebelión contra una Iglesia que no pagaba el salario a sus obreros. Árboles y plantas importadas desde todas partes del mundo que han encontrado su forma de crecer abrupta y máxima en esta fértil isla y que ahora están acabando con sus plantas autóctonas.

AZORES. Ponta Delgada. by © Rocío Pastor Eugenio ® WOMANWORD

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MERCADO

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CIUDAD DE PONTA DELGADA

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PIÑAS, MUCHAS PIÑAS

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GRUTA DO CARVAO

Y antes de ir a cenar, una parada más: Las Cuevas Do Carvao.

Monumento Natural situado en el pueblo de Paim, la gruta son túneles realizados por la lava a través de la tierra y que  ahora deja ver estalactitas, estalagmitas de lava y paredes de basalto cristalizado, de gran valor geológico, en estas islas de volcanes latentes, dormidos, pero vivos y por lo cuál, la tierra hierve y el agua se convierte en fumarolas aún hoy.

 

AZORES. Ponta Delgada. by © Rocío Pastor Eugenio ® WOMANWORD

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Azores, un viaje de 4 días, 10 reportajes

Azores en WOMANWORD

Azores como Lista de Reproducción en el Canal de YouTube de WOMANWORD

Azores en Instagram bajo el Hastag #WOMANWORDinAzores

 

 

 

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